Entrevista a Sergio Olguín


SERGIO OLGUÍN, escritor
(Buenos Aires, 1967)

Libro favorito: Si una noche de invierno un viajero, de Ítalo Calvino
Rutina informativa: “Empiezo leyendo Twitter y notas linkeadas por periodistas respetables. Luego Página/12, algo de Clarín y algo de Olé.”
Película favorita: Kaos, de Paolo y Vittorio Taviani

por Federico Poore



La cita es en el centenario Bar de Cao, en San Cristóbal.

En No hay amores felices, tu nueva novela, una periodista desnuda una red de dinero, corrupción y poder. ¿Hay en la novela, acaso, una versión más idealizada del periodismo que te tocó vivir?
Absolutamente. Verónica Rosenthal es una romántica con respecto al periodismo. Es como somos todos los periodistas cuando empezamos a trabajar, en nuestro primer año profesional, cuando creemos que con el periodismo podemos cambiar la realidad, influir de manera honesta. Los que trabajamos en periodismo vamos cambiando a medida que vemos que existen las presiones empresariales, políticas... Verónica se mueve mucho más libre. Es cierto que ella no hace periodismo político —hace Policiales—, pero también es cierto que ese vínculo policial termina en lo político. Hay un vínculo muy fuerte entre lo político y lo policial en mis tres novelas. Pero sí es un personaje idealista, tanto por su actitud como por cómo creo yo que debería ser el periodismo.

En la presentación de Betibú, de Claudia Piñeyro —otra novela con una periodista de protagonista— dijiste que el policial es el género por excelencia en la Argentina. ¿Es una estrategia consciente la de usar el policial para entrarle lateralmente a la cuestión política?
Es una excusa para entrarle a la realidad. El policial es la mejor forma de entrar a la literatura realista, un género bastante traqueteado que uno suele asociar con el realismo socialista, una literatura vinculada a lo social de una manera más remarcada. El policial toma más distancia pero permite hacer una literatura donde lo real se cuela por todas partes, y eso lleva a lo político.

Del caso María Soledad al accidente de Once (que, a propósito, tiene sus puntos de contacto con La fragilidad de los cuerpos) pasando por el asesinato de Cabezas, en Argentina lo político es policial casi de manera literal.
Es muy difícil desprender lo policial de lo que sucede en la sociedad. El primer hito en ese sentido fue el policial norteamericano de las décadas del ‘30 y del ‘40 que fundó un género, la novela negra. Todos somos hijos de la novela negra norteamericana, lo que pasa es que en Argentina esto tiene características especiales. En los policiales en cualquier parte del mundo, la novela termina cuando llega la policía, mientras que en Argentina comienza cuando llega la policía (risas). Eso le da características propias muy fuertes. También hay un riesgo: querer tomar posición con respecto a un hecho de la realidad por medio de la ficción ficción, porque terminás poniendo una narrativa al servicio de una tesis y eso siempre es malo para la literatura. El resultado de poner tu arte al servicio de una tesis política en general es malo, salvo que seas un genio como Picasso que puede pintar el Guernica. Siempre hay que tener en cuenta que estás escribiendo una ficción y no que estás contando la realidad tal cual es.

¿Por qué pensaste a Verónica Ronsenthal como heroína mujer?
Por un montón de razones. Tenía ganas de escribir una novela con una mujer protagonista y contar la vida de una mujer. Quería un personaje femenino que se comportara como un hombre en las novelas policiales: investigadores que se emborrachan, que se acuestan con todas las personas con las que se encuentran, que pueden llegarse a agarrarse a trompadas en cualquier momento, que no dan explicaciones a nadie... En suma, quería reunir las características masculinas del género en un personaje femenino. Pero al mismo tiempo, siempre me resultó muy divertido el universo femenino, por lo que otra cosa que quise fue que el personaje tuviera ese costado en el resto de su vida. Me pareció divertido, por ejemplo, narrar las discusiones con ella misma y con sus amigas alrededor de lo femenino y de cómo ser mujer. La suma de estos dos universos termina dando un personaje muy especial, rico en matices.

¿Reconocés influencias del policial nórdico? Pienso en novelas, pero también en series, como Bron/Broen.
No tanto en cuanto al tema de la protagonista femenina, que es previo a otras protagonistas femeninas — una es Saga Norén, que la amo — pero sí reconozco mi deuda con una serie de novelas de Liza Marklund, una autora sueca que es exitosa en el mundo y que acá pasó inadvertida. En varios de sus trabajos aparece el personaje de Annika Bengtzon, que también es periodista, y ese personaje me gustó mucho. Sí creo que la lectura de Henning Mankell y de Stieg Larsson y de otros autores suecos me influyó a la hora de ponerme a escribir este tipo de policial. A mí lo que me gusta del personaje de Mankell es que evoluciona. (Kurt) Wallander no es igual en la primera novela que en la última: va envejeciendo, su padre también, su hija crece... hay una evolución de ese personaje y es un poco lo que quiero hacer con las diez novelas que quiero hacer con Verónica.

¿Dónde rastreás el fenómeno de las mujeres heroínas? Por citar el ejemplo del cine, antes una película como Alien de Ridley Scott era la excepción, pero hoy las mujeres son protagonistas en todos lados, hasta en Mad Max.
Siempre han habido mujeres protagonistas — soy un gran admirador de la Mujer Maravilla y la Agente 99 — pero hoy tienen un lugar más protagónico en cuanto a las decisiones que toman, algo que por ahí antes estaba más limitado. Y en ese sentido, la narrativa argentina ha sido más lenta que en otros lugares. Ha habido una tradición machista muy fuerte, y no solo en Argentina, y ahí está el ejemplo de un escritor como Juan Carlos Onetti, un escritor absolutamente machista. Eso hoy me hace mucho ruido. Y eso no es porque yo cambié: cambié la sociedad.

¿De dónde sacás ideas para tus novelas?
Todo me influye, desde lo que leo en ficción (no tengo problemas en admitir a quién le plagio) hasta la realidad cotidiana. Todo escritor tiene un componente autobiográfico muy fuerte. Me divertí mucho en No hay amores felices por una cosa que le ocurre a Verónica en la novela hace que se tenga que mudar de Villa Crespo acá, a este barrio (San Cristóbal). Después, soy muy atento a los gestos de la gente, hasta cómo ponen la taza de café. Vivo robando, soy una especie de vampiro que le consume todo lo que puedo a los amigos y a la familia. Son una buena fuente de inspiración.

Esa forma de canibalizar comparte cosas con el periodismo, ¿no? Uno siempre está atento a ver qué puede robar para la producción propia.
En el caso de la ficción, esto viene de los estudios históricos de la vida cotidiana, algo que también se trasladó al periodismo. Hoy no hace falta contar la historia de un presidente: podés contar la vida de un mozo de un bar y ganar un Pulitzer haciendo eso — si lo hacés bien. Hay un interés por lo cotidiano, donde desde hace varias décadas la historia y la noticia diaria tienen más que ver con lo íntimo, con lo personal, con personajes comunes y corrientes.

Una vez que decidiste escribir una novela, ¿cómo es tu proceso productivo?
Siempre tengo una idea de un argumento, un personaje o varios, y algún episodio concreto. Después trato de encontrar un comienzo. ¿Dónde comienza esa historia, qué es lo que voy a contar, desde dónde voy a empezar a contar? Y ahí me largo a escribir. En general no tengo un final armado hasta la mitad de la novela; recién ahí me doy cuenta hacia dónde estoy yendo. Dicho esto, la historia de mi nueva novela tenía ganas de hacerla desde 1989. Quería escribir una historia, no sabía cómo, y recién la retomé ahora porque me di cuenta cómo empezaba, cómo terminaba, quiénes eran los personajes, cómo tenían que reaccionar. Se me ocurrió todo de golpe y escribí todo de corrido en dos meses sabiendo qué iba a pasar en cada momento. Pero eso no me ocurrió casi nunca.

Te autoimponés deadlines. ¿Te funciona ese método o alguna vez incumpliste tu meta?
Necesito deadlines por una cuestión periodística. Cuando comienzo una novela me preocupa escribir todos los días, aumentando los caracteres diarios. Y me pongo una fecha de finalización aproximada, de una primera versión. Una vez que empiezo la primera versión me relajo un poco más.

¿Qué evaluación hacés del actual momento político y económico en Argentina?
Era mucho más optimista cuando estaba por asumir Macri. No porque me gustara —de hecho no lo voté— pero pensé que el macrismo no iba a ser tan salvaje. Creí que iba a ser más respetuoso de sus propias banderas sobre la instituciones y la república; que iba a ser un gobierno liberal, pero que se iba a mantener en un momento respetuoso en cuanto a otras cuestiones, algo que no ha ocurrido. Es un gobierno salvaje, con un nivel de violencia y todo tipo de irregularidades que van más allá de las medidas económicas que toma. Pensé que al menos iban a tomar algún tipo de medida demagógica superficial, pero no: todas las medidas que se tomaron desde un primer momento fueron para beneficiar al sector más concentrado de la economía, y le hicieron caer todo el costo del ajuste sobre los sectores más desfavorecidos.

¿Cómo se ve al gobierno de Macri desde el mundo de la cultura?
Las políticas del macrismo para el sector está vinculado a lo que hace en el resto de las áreas. Los despidos en el área de Cultura siguen el patrón del resto de los despidos en el sector público: indiscriminados, sin importar los trabajos que desarrollaban sus empleados, o por motivos políticos. Relacionan militancia opositora con ser ñoqui, cuando son cosas distintas. En el campo de la cultura se vienen tiempos difíciles. La presencia del Estado en la cultura es fundamental, y en este sentido este gobierno viene mal.

Una versión en inglés de esta entrevista se publicó en la edición del 10 de abril de 2016 en el Buenos Aires Herald.

Entrevista a Lino Barañao


por Federico Poore

El ministro de Ciencia y Tecnología Lino Barañao es el único funcionario de primer nivel que sobrevivió al recambio de gobierno, y las huellas de aquella transición son visibles en los pasillos del ministerio ubicado en el barrio de Palermo. Antes de ingresar a su despacho, una foto sorprende al visitante: un grupo de científicos llevando una bandera que apoya el desarrollo de una "ciencia nacional y popular". Minutos después, ya en su oficina, otra fotografía de distinto tenor, más formal cuelga en una de las paredes: es un retrato del presidente Mauricio Macri.

Mañana se cumplen cuatro meses del gobierno de Macri. ¿Qué cambios tuvieron lugar en el área?
Nosotros veníamos con mucho impulso, por lo que lo que hicimos fue subir gente a un tren en marcha sin alterar el ritmo de trabajo. Hubo incorporaciones en el sector político, del PRO y el radicalismo, que entró por gente que decidió no seguir en esta gestión por estar más comprometida con la otra administración. Pero todo lo que es asignaciones de fondos sigue estando a cargo de la misma gente. Lo que sí se nota es que hay un más énfasis mucho más grande en el trabajo en equipo. Para empezar, hay reuniones de Gabinete. Antes me juntaba con mis colegas en los actos, en la previa al discurso arreglaba todo lo que tenía que arreglar con las otras áreas. Tenemos que mostrar avances mensuales y hay un mayor control presupuestario. Esta administración tiene como una de sus prioridades reducir el déficit fiscal y eso implica que todos debemos mostrar claramente por qué necesitamos la plata que estamos pidiendo. Nosotros tenemos un entrenamiento con esto por nuestro trabajo con organismos multilaterales de crédito.

¿Qué diferencia hay entre Mauricio Macri y Cristina?
Macri es una persona que viene de la empresa y pone mucho énfasis en ese tipo de cuestiones: qué es lo que vas a hacer, cuánto va a salir, qué resultados puedo esperar de esto. Cristina tenía un interés personal en la ciencia, es una persona que disfruta entendiendo cosas, y yo me relacionaba con ella a través de eso. La relación con Macri es muy formal, de respeto mutuo; la relación con Cristina era más pasional: nos peleábamos mucho, después nos amigábamos, pero a ella le interesaba lo que hacía y cada vez que le llevábamos un Premio Nobel hacía preguntas pertinentes. El énfasis de cada uno está en cosas distintas. Ahora hay una gestión más gerencial.

La inversión en Ciencia y Tecnología actualmente es del 0,62% del PBI. Una de las promesas de campaña de Cambiemos fue llevarlo al 1,5%. ¿Qué plazos se propone el gobierno para cumplir con esta meta?
Nuestra meta era llegar al menos al 1% que es lo que destinan los países desarrollados, pero ahí hay una trampa. Los países llegan a gastar el 1% cuando llegan a desarrollar un sector productivo que demanda tecnología. Si vos ves países como Alemania, tienen el doble del presupuesto pero repartido entre el Estado y las empresas. Si no tenés equipos de investigación en el sector privado, nunca van a demandar conocimiento del sector público. A mí no me sirve de nada tener el doble de investigadores del Conicet si no hay investigadores en las empesas que convenzan a los dueños de que necesitan determinado conocimiento. Eso se lo que va a cambiar el perfil productivo del país. Es una discusión que tengo con amigos y colegas científicos, que me dicen que está bien hacer ciencia y tener más becarios per se. Y no, no está bueno por sí mismo: depende lo que hagan. Ese argumento resulta de extrapolar un modelo propio del hemisferio norte, donde vos podés hacer lo que quieras porque sabés que hay un sector productivo que va a captar ese conocimiento y transformarlo en riqueza. En países como Argentina, eso no ocurre. Si no enfocamos adecuadamente el tema científico, va a pasar lo que pasa siempre: producimos conocimiento que se aprovecha de arriba. Tenemos que trabajar para reducir la brecha que nos separa de los países desarrollados.

¿Y cómo se hace eso?
Primero, que los científicos que vienen de universidades públicas sean conscientes que alguien le pagó la carrera universitaria. Hay una deuda, que no es financiera –como tienen los graduados chilenos– sino ética. No puedo decir “soy un biólogo excelente, puedo hacer lo que quiera que eso va a ser bueno”. No es así. El país tiene necesidades concretas. Uno tiene que pensar: ¿para qué puede servir lo que estoy haciendo?. Se habla mucho de la responsabilidad social empresaria, pero ¿qué pasa con la responsabilidad social del investigador? Desde la creación misma del ministerio dije que necesitábamos tipos involucrados por la realidad social. Ese es el tipo de ciencia que tenemos que hacer en Argentina: ciencia básica inspirada en el uso.

El presupuesto 2016 para el área es de $9.600 millones de pesos. ¿Se ajustó por inflación?
Se ajustó porque hubo una jerarquización del sueldo de los investigadores. La medida estaba dando vueltas hace dos años pero (el Ministerio de) Economía estaba remiso, Axel Kicillof no quería dar el aumento. Finalmente se empezó a pagar en noviembre, son 460 millones de pesos que tuvimos que incorporarlo en el presupuesto. Así que cuando nos preguntaron en qué podíamos economizar, yo dije “bueno, en verdad tenemos que aumentar un poco...” (risas). El programa de gastos de ajustó un poco, postergamos algunas cosas para que no impacten tanto en el primer semestre. Pero nos habilitaron para recibir US$750 millones del BID y US$47 millones más del Banco Mundial. Nuestra cartera de financiamiento está bien diversificada. Lo que vamos a tener es una readecuación.

En algún momento mencionó el tema de las publicaciones de argentinos en revistas internacionales como medida del éxito en la gestión. ¿Cómo se incrementó o no en estos años?
Tenemos un reporte que demuestra que ese nivel de incrementó de manera proporcional al aumento del presupuesto. Es decir, al tener más investigadores tenemos más trabajos publicados. Pero hay un dato más importante: aumentó la proporción de trabajos publicados en el top 1% de calidad. El dato más llamativo es cómo aumentó el número de publicaciones de argentinos en las revistas científicas más prestigiosas y cuántos de ellos son tapa de esas revistas. Hace unos años vino al país un agregado de ciencia del Reino Unido a ver cómo podía establecer vínculos acá, cuando todavía las relaciones no eran amigables, y lo que transmitió fue un estudio que decía que las relaciones de cooperación entre ingleses y argentinos daban mejores resultados que la cooperación entre ingleses y americanos. Los noruegos llegaron a la misma conclusión: que los trabajos con argentinos dan trabajos de mejor jerarquía. Pero ese es un sólo parámetro: no podemos juzgar a los investigadores sólo por lo que publican.

¿Qué otras formas existen para evaluarlos?
Hemos creado un sistema alternativo, complementario de evaluación: un Banco de Proyectos de Desarrollo Tecnológico y Social (PDTS). La idea es que los científicos puedan dedicar la mitad de su tiempo a la investigación y la otra mitad a, no sé, tratar de encontrar una bacteria que produzca un plástico biodegradable para tal empresa. Antes  eso no se evaluaba, ahora sí. La empresa –o una cooperativa– puede decir: sí, eso sirve. Necesitamos empezar a valorar esta contribución social. Una investigadora china que trabajaba en Alemania una vez me dijo: los investigadores chinos tienen que ser evaluados por el SCI y el SCI. Yo dije “se confudió, me dijo dos veces lo mismo”. Pero no:  lo que quiso decir es que los científicos deben ser evaluados por el Science Citation Index y por el Social Contribution Index. Antes el investigador era un paria, decía: “hago lo que me gusta porque total me pagan dos mangos, que no me vengan a decir lo que tengo que hacer.” Ahora se les paga mejor, no van a lavar los platos –algunos tienen lavavajillas– y la contracara es que tienen que justificar qué es lo que están haciendo.



RECUADRO
Nuestro hombre en Nueva York

La semana pasada estuvo en misión oficial en Estados Unidos.
Tuve varios eventos. El primero fue una entrevista con las autoridades de la Wildlife Conservation Society, estuve visitando el zoológico del Bronx, emblemático en cuanto a su un rol de conservación más que de exhibición de animales. Es un tema de interés del país porque tenemos una discusión sobre el rol del zoológico de Buenos Aires. Los zoológicos deben ser un lugar de conservación de la vida silvestre en los ecosistemas naturales y no un lugar de exhibición de animales que no están en su hábitat natural. Así que con la Wildlife Conservation Society tenemos una serie de proyectos vinculados a biodiversidad. Queremos empezar a formar profesionales en el tema conservación. El punto aquí es que la naturaleza no se va a recuperar por sí misma: ya no basta con que el ser humano se retire, ya tenemos que participar activamente para conservar. Hemos avanzado de manera tal que en muchos casos los cambios son irreversibles a menos que se tomen medidas concretas. Asistí también a una conferencia de Gustavo Stolovitzky, un investigador argentino trabajando en IBM, que está trabajando en una nueva manera de producir conocimiento, el crowdsourcing.

¿De qué manera funciona ese modelo?
A diferencia del modelo tradicional, del investigador individual, lo que podemos hacer ahora es poner una enorme cantidad de datos disponibles, formular una pregunta y que sean múltiples grupos los que interactúen entre sí para lograr una respuesta. Lo que se logra con esto es acelerar los tiempos. El caso que presentaron es el de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), donde lograron un algoritmo (una manera de interpretar la información) para llegar a resolver el problema en mucho menor tiempo.

Una versión en inglés de esta entrevista se publicó en la edición del 9 de abril de 2016 en el Buenos Aires Herald.

Investigación: Macri recibió $3 millones de contratistas del Estado para su campaña electoral


* Esta investigación ganó el Premio FOPEA al Periodismo de Investigación 2016 en la categoría Medios Digitales.

La ley de financiamiento prohíbe que empresas concesionarias de gobiernos aporten a candidatos. Sin embargo, el Presidente recibió donaciones de integrantes de compañías, muchos de ellos con altos cargos jerárquicos, operatoria que según la Cámara Nacional Electoral busca evadir las prohibiciones legales. Si se suman los aportes de gerentes de empresas sin vínculos actuales con el Estado, la cifra alcanza los $ 5 millones. Al menos dos personas negaron haber hecho los aportes.

por Matías Di Santi y Federico Poore 
Chequeado, 10-04-2016


Si hay algo en lo que coinciden todos los especialistas en financiamiento político es en que el dinero que mueven las campañas “en negro” en la Argentina es mucho mayor a lo declarado oficialmente. Sin embargo, las elecciones de 2015 revelan un fenómeno aún más llamativo: que ni siquiera cierran las cuentas “en blanco” que los partidos dicen haber gastado.

Casi tres millones de pesos que el presidente, Mauricio Macri, recibió de aportes privados para financiar su campaña para las elecciones primarias y las generales provienen de gerentes y empleados de empresas contratistas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y gobiernos provinciales, algo que entra en conflicto con la ley que prohíbe este tipo de donaciones incluso fuera del período de campaña.

Al menos 33 integrantes de agencias de publicidad; 20 miembros de empresas de seguridad privada; siete empleados ligados con una constructora y cuatro gerentes de una empresa de higiene urbana, todas ellas con vínculos con la gestión porteña o contratos con provincias, como la de Córdoba, aportaron $2,7 millones para que Macri llegara a la Casa Rosada. Dos de las personas consultadas negaron haber hecho el aporte a título personal, y se lo adjudican a la empresa para la cual trabajan.

El artículo 15 de la Ley de Financiamiento de Partidos Políticos es muy categórico y restrictivo: prohíbe que las alianzas políticas reciban “contribuciones o donaciones de empresas concesionarias de servicios u obras públicas de la Nación, las provincias, los municipios o la Ciudad de Buenos Aires”. Dentro del período electoral, además, el artículo 44 bis de la misma norma extiende dicha prohibición a todo tipo de empresas.

En este sentido, cuando se incluyen los aportes de personas con altos cargos directivos vinculados con empresas que actualmente no son concesionarias de gobiernos, como la portuaria Marítima Heinlein SA, el holding dedicado a realizar inversiones financieras vinculado con el Grupo Román Puerto Asís Argentina SA o la petrolera china Sinopec Inc., el monto recibido por la fórmula Mauricio Macri-Gabriela Michetti alcanza al menos los cinco millones de pesos. La campaña “negra” o de fondos no declarados tiene montos mucho más grandes y es una historia aparte.

De acuerdo con la jurisprudencia de la Cámara Nacional Electoral (CNE) y los expertos en la materia, estas maniobras chocan con los límites de la ley, que prohíbe que las personas jurídicas -en especial las concesionarias o contratistas- aporten dinero para la campaña de un candidato. Si bien las compañías mencionadas no figuran directamente como aportantes (algo prohibido desde 2009, cuando se reformó la ley electoral), la CNE advirtió en un fallo de 2014 que es probable que este tipo de donaciones de directivos de una misma empresa escondan un aporte empresarial encubierto.

Hasta el momento, y a pesar de las pruebas aportadas por el Cuerpo de Auditores de la Nación en diferentes casos, ningún juez o fiscal federal avanzó en forma significativa en la investigación de partidos o candidatos por este tipo de irregularidades. Las sanciones tomaron casi siempre la forma de multas, ya que otro tipo de castigo, como la prohibición de presentarse como candidato a una nueva elección establecida en el artículos 63 de la ley, fue luego rechazada por la Justicia por la manera en la que el juez de primera instancia llevó a cabo la investigación (fallo “Sobisch”).

Chequeado consultó a los responsables económicos de los informes financieros de Cambiemos para las elecciones PASO y las generales, quienes según la ley deben responder ante la Justicia por irregularidades en los informes presentados. En el primer caso, se trata de dos jubiladas, Stella Maris Sandoval y María Armanda Inza. Inza también figura como segunda responsable económica del informe de las elecciones generales. Este sitio informó que quería conocer su versión sobre el material a publicar, pero familiares de ambas dijeron que no iban a hablar por encontrarse “con problemas de salud” o “estar de viaje”.

Marcos Agustín Chiappe, primer responsable económico del PRO en las PASO y empleado del Instituto de Juego de Apuestas de la Ciudad de Buenos Aires, no atendió los llamados de este sitio.

Quien sí contestó fue la flamante interventora del PRO en la provincia de Buenos Aires, María Luisa Fernanda Inza, familiar de María Inza y subsecretaria técnica de la Secretaría Legal y Técnica de Presidencia de la Nación, bajo la órbita del secretario Pablo Clusellas. “Son aportes de todo tipo de donantes, personas físicas, donde seguramente habrá empleados públicos, empleados del sector privado, profesionales liberales, gerentes, etcétera, en las condiciones que habilita la ley, y sin superar los límites establecidos por la misma”, sostuvo.

“Todo lo que se hizo es legal, y lo hicimos en blanco. Esto es mucho más transparente que hacer aportes en negro o mentirosos”, explicó a Chequeado José Torello, apoderado nacional del PRO y amigo personal de Macri, quien insistió además en que todas las personas llamadas por la Justicia en las elecciones anteriores ratificaron haber puesto la plata que dicen haber donado.

El apoderado del PRO dijo que hicieron una cena de recaudación de fondos en la que recibieron aportes de miles de personas. “Reconozco que es un proceso engorroso, pero es la única manera de no ser truchos, y nosotros tratamos de ser lo menos trucho posible”, aseguró.

Respecto de las personas que negaron ante este sitio haber puesto plata de su bolsillo y sobre la posibilidad de que muchos otros aportes que figuran como individuales sean realmente de fondos de empresas contratistas, Torello agregó: “La ley es muy trucha. Nosotros hicimos todo bien. Si a mí me pasan los nombres, CUIT y demás datos de personas diciéndome cuánto había aportado cada una y eso no era cierto sino que eran aportes de empresas, yo no tenía forma de detectarlo. Dentro de las limitaciones de la ley hicimos lo mejor que pudimos”.

Precisiones de los aportes

Según reconstruyó este sitio tras analizar uno por uno los 849 nombres de los donantes que figuran en el informe financiero que hoy estudia el Cuerpo de Auditores de la Cámara Nacional Electoral, en las PASO Macri declaró haber recibido más de dos millones de pesos en efectivo de integrantes de empresas de los siguientes rubros:

   - Seguridad privada: la fórmula Macri-Michetti declara $875.000 de personas vinculadas con Briefing Security-Impes UTE (unión transitoria de empresas), Murata SA, Verini Security SA y Yusion SRL, empresas de seguridad que desde 2011 se reparten el negocio de la custodia de los edificios públicos porteños. De los veinte empleados que figuran como aportantes, se destacan ocho de Briefing Security-Impes, todos ellos con altos cargos directivos, que aportaron $320.000. Allí están Alejandro Pablo Starzenski (gerente comercial, $50.000), Mónica Mabel González (administradora, $50.000), Juan Manuel Butler (director técnico, $50.000), Sebastián Eduardo Pérez (administrador, $50.000), Eduardo Manuel Butler (socio director y padre de Juan Manuel, $30.000), Valeriano Horacio Huerta (gerente, $30.000), Carlos Enrique Elicetche (socio director, $30.000) y Graciela Beatriz Ezquerro (administradora habilitada, $30.000). Consultado por Chequeado, Carlos Elicetche confirmó que efectivamente hizo el aporte y que la acción fue coordinada con otros directores de la empresa.

En tanto, siete representantes de la empresa Murata pusieron $295.000, incluyendo una cifra de $95.000 de Brenda Erika Osso. También dice haber colaborado con $95.000 Miguel Ángel González Re, empleado de Yusion, quien junto con otros seis integrantes de esa compañía de seguridad privada sumaron $185.000 para la campaña del PRO (cuyo nombre electoral fue “El Camino del Cambio), que por entonces competía con la Coalición Cívica y la UCR en la interna de Cambiemos.

   - Publicidad: Los empresarios mendocinos Adrián Dalla Torre, Jorge Reale y Roberto Fernando Reale aportaron $285.000 para la campaña Macri-Michetti. Son socios en Reale-Dalla Torre Consultores, empresa que creó “la imagen y la marca de la Policía Metropolitana”, según detalla su sitio web; además, distribuyeron parte de la pauta publicitaria del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. El año pasado, una radio de La Pampa, FM del Sol, denunció haber recibido $ 33 mil en diez meses en concepto de pauta por parte de Reale-Dalla Torre Consultores, a pesar de que en la web del Gobierno porteño figuraba con más de $63 mil (ver nota y denuncia). Otros representantes de empresas vinculadas con Reale-Dalla Torre, como RDT Media SRL y La Usina Digital SRL, también declararon haber donado a la campaña.

Entre los aportantes también se destacan varios gerentes de la empresa Publicidad Sarmiento, ganadora de la licitación del mobiliario urbano porteño, incluyendo nombres como el de Oscar Contreras (gerente de Operaciones), Raúl Menéndez (jefe de Locaciones) y Santiago Terranova (socio director), todos ellos con $50.000 cada uno. Consultado por Chequeado, Raúl Menéndez negó haber puesto plata para la campaña. “Yo no aporté nada”, dijo. “Ellos [la empresa] me han puesto a mí, no por mí sino porque soy apoderado de Publicidad Sarmiento”. Otra de las personas empleadas en Publicidad Sarmiento, que pidió el anonimato por miedo a represalias, confirmó que tampoco hizo el aporte que figura en el informe financiero de campaña. “¡Yo no aporté! La que aportó para la campaña, como miles de otras, es la empresa para la que trabajo”, le dijo a este sitio.

María Terranova, socia en la agencia mendocina de publicidad OTI SA, y su hermano Orlando “Orly” Terranova -corredor de rally y ex candidato PRO- también figuran en el listado. Por último, Dardo Lucero, socio gerente de Praxis SRL (empresa que produjo el controversial spot de Darío Giustozzi durante el Mundial 2014, que el entonces intendente intentó hacerle pagar al Municipio de Almirante Brown) aparece con una contribución de $95.000. En total, las agencias de publicidad pusieron más de un millón de pesos para la campaña macrista en las PASO.

   - Higiene urbana: cuatro empleados de la firma cordobesa Oscar Scorza Equipos y Servicios SRL, más conocida como Econovo, pusieron $180.000 para la fórmula Macri-Michetti. La suma incluye $50.000 de Fabricio Filoni, su gerente general. Econovo fue contratada en su momento por la empresa estatal Córdoba Recicla Sociedad del Estado (CRESE) para la provisión de camiones de recolección de residuos, negocio que continuó con Lusa y Cotreco, las dos empresas que operan el servicio en la ciudad de Córdoba. Econovo es, además, la productora de camiones de residuos de carga lateral para el mercado porteño.

Estos tres grupos de aportantes suman $2.145.000 y representan el 10% del total de las donaciones privadas que Macri recibió en las elecciones primarias.

Ya sin contratos con gobiernos que se hayan podido encontrar, seis integrantes de la empresa de comercio exterior Marítima Heinlein, incluyendo su vicepresidente Pedro Luis Kelly y su director suplente José Alberto Servidio, aportaron $265.000 pesos para la campaña del PRO.

Por otra parte, un análisis de los 132 donantes del informe de las elecciones generales que aportaron más de $50.000, revela que Ivana Karina Román -hija del reconocido empresario portuario y de transporte de grúas Alfredo Alberto Román y presidenta de Puerto Asís Argentina SA, una de las tres principales empresas del Grupo Román (ver Recuadro II)- aportó $1,5 millones para la campaña de la alianza Cambiemos (que incluyó, además del PRO, a la Unión Cívica Radical y a la Coalición Cívica, entre otros partidos). También donaron a la campaña del Presidente altos directivos de la empresa de alimentos Main Process SA (Raúl Fernández de Benedetti, director comercial, $100.000); de servicios inmobiliarios OBRE SA (Roberto Fernández, presidente, $100.000); de depósitos Depos Unos SA (Eduardo Casabal, presidente, $95.000); y de la petrolera china Sinopec (José Esteves, gerente de asuntos corporativos, $90.000).

Además, en la lista se incluyen al menos $505.000 de siete integrantes de EVA SA, una empresa constructora que en noviembre de 2015 ganó una licitación del Ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño para la operación y el mantenimiento de una planta de tratamiento de restos de poda y de una planta de residuos orgánicos.

“Está clarísimo que hay un conflicto de interés”, dijo a Chequeado Pablo Secchi, director ejecutivo de la ONG Poder Ciudadano. “Son empleados de empresas y seguramente es la empresa la que esté poniendo ese dinero. Por lo tanto, se está violando el espíritu de la normativa”, enfatizó.

En este sentido, la titular del Programa de Instituciones Políticas del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), María Page, agregó: “En muchos aspectos, la ley vigente genera incentivos para subdeclarar o encubrir ingresos”.

Qué dice la Cámara Nacional Electoral

El argumento de Secchi es respaldado por los jueces de la Cámara Nacional Electoral, que en la causa “Partido Justicialista – s/presentación informes arts. 54 y 58 ley 26.215 – elecciones legislativas 28-06-09” sentaron jurisprudencia en un caso similar.

Para las elecciones legislativas de 2009, la alianza PJ-Unión por Córdoba liderada por José Manuel de la Sota declaró donaciones por $30.000 de Aldo Benito Roggio (integrante de Benito Roggio e Hijos SA, Aguas Cordobesas SA y Metrovías, entre otras compañías) y aportes por $20.000 de Mario Buttigliengo, titular de la constructora Boetto y Buttigliengo SA, adjudicataria del sistema de concesión por peaje de la ruta nacional 36. También declaró haber recibido $20.000 de Carlos Alberto Bergoglio, director de relaciones institucionales de Electroingeniería SA, la firma del empresario kirchnerista Gerardo Ferreyra, proveedora de herramientas y personal para la construcción de la Central Nuclear Atucha II.

Luego de recibir el informe del auditor, el fiscal federal Enrique Senestrari sostuvo que no sancionar al partido implicaría dar por válido “el simple artilugio de hacer aparecer que integrantes de las distintas empresas, sociedades y asociaciones interesadas declaren hacer las donaciones en carácter personal para que no se configuren las prohibiciones previstas por el art. 15, que expresamente dispone: ‘…los partidos políticos no podrán aceptar o recibir, directa o indirectamente…’, evadiendo de esa forma la finalidad que tuvieron los legisladores al dictar normas que buscan la democratización, la transparencia y la equidad electoral”.

Los jueces Alberto Dalla Via y Rodolfo Munné apoyaron el dictamen y pidieron al juez federal de primera instancia con competencia electoral en Córdoba, Ricardo Bustos Fierro, analizar “las particulares circunstancias de cada caso”, como por ejemplo “la jerarquía y las facultades que [los aportantes] poseían en las empresas o asociaciones al momento de efectuar el aporte”. En otras palabras: no es lo mismo la donación individual, aislada, del empleado de una empresa que el aporte sistemático de gerentes y directivos, “personas con indudable influencia en la toma de decisiones de la organización”.

La Cámara Nacional Electoral concluyó que en casos como estos resulta indispensable que “se evalúe el tipo de vinculación que el donante tiene con la persona jurídica y otros elementos que permitan descartar o tener por configurado un aporte prohibido”.

Falta de apoyo

¿Tiene recursos el Cuerpo de Auditores de la Nación para esta minuciosa lectura de balances de gastos de todos los partidos del país? No. En 2002, la Cámara Nacional Electoral solicitó a la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) “la provisión de los medios necesarios” para poder contar con “un plantel de al menos 15 contadores públicos nacionales” y tener así un mejor control sobre el origen y destino de los fondos de los partidos políticos (ver Acordada).

Sin embargo, las partidas presupuestarias necesarias para concretar el pedido jamás fueron aprobadas, por lo que seis años más tarde, en una nueva Acordada, el tono del reclamo fue otro. “Esta Cámara ha agotado ya todas las vías -formales y oficiosas- para expresarle a las autoridades competentes la necesidad de fortalecer la composición del Cuerpo de Auditores Contadores que de ella depende”, dijeron los jueces Santiago Corcuera, Munné y Dalla Vía.

El Cuerpo de Auditores -que el año pasado recibió 3.727 informes financieros– funciona en el tercer piso de la sede de la Cámara Nacional Electoral, sobre la avenida Leandro Alem, a metros de la Casa Rosada. A la fecha cuenta con apenas siete auditores contadores y un coordinador.


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Una versión de esta investigación se publicó en la edición del diario Perfil del 10 de abril de 2016.