Entrevista a Hugo Yasky

“El trabajo en negro es la gran deuda social de esta etapa”

El titular en disputa de la CTA, Hugo Yasky, analiza el nuevo escenario sindical y el conflicto de la CGT con el gobierno nacional.

por Federico Poore
Debate, 31-12-2011

Aunque el enfrentamiento con el sector de Pablo Micheli sigue abierto desde las últimas y frustradas elecciones en la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), Hugo Yasky sigue siendo uno de los dirigentes sindicales más escuchados. En diálogo con Debate, el secretario general de esa central obrera expresa sus diferencias con el titular de la CGT, Hugo Moyano, y adelanta las variables que estarán en juego en las paritarias salariales de 2012. “Primero hay que resolver la situación de los que no llegan al salario mínimo”, asegura.

¿Cómo anticipa las paritarias de 2012?
La discusión va a estar bastante cerca de lo que fueron los parámetros de los años anteriores. En todo caso, tendrán la sombra de una crisis internacional que tiende a profundizarse y a expandirse desde los países del Norte al resto del mundo.

¿Cree que el Gobierno le está poniendo un techo a las pretensiones salariales?
Más allá de algunas expresiones de gente que no tiene conocimiento cabal de lo que es una discusión paritaria, las discusiones se van a dar dentro de un marco de sentido común: ni tan abajo como quieren algunos tecnócratas, ni tan arriba como suelen plantear aquellos que no conducen organizaciones sindicales. Tanto el ministro de Trabajo como los sectores vinculados a su área tienen plena conciencia de que no se puede inventar el agua tibia. El parámetro estará cerca de la realidad del costo de vida y de lo que cada gremio haya logrado recuperar en las distintas negociaciones.

¿Manejan alguna cifra estimativa?
El porcentaje con el que nos vamos a mover todos los gremios comienza con dos dígitos. Eso está definido. Después habrá que ver en torno a qué cifra sigue, pero por debajo de eso no va a haber discusión posible.

La CTA denunció, y la Presidenta remarcó esta semana, la enorme brecha salarial que existe entre trabajadores. ¿Observa alguna mejora?
El principal problema de la Argentina sigue siendo la desigualdad. Pese al crecimiento de la economía y del empleo, al derrame que ha generado sobre los salarios, a que la disputa por la fuerza salarial es una gran fuerza democratizadora, sigue existiendo un 35 por ciento de trabajadores en negro, que se ubican sobre todo en los cordones industriales de las grandes ciudades, pero también en las áreas rurales, en el sector servicios y en el Norte del país. Ellos configuran la gran deuda social de esta etapa.

¿Cómo se resuelve?
Hay que seguir apostando al crecimiento de un modelo productivo que genere más empleo y mejores salarios, pero especialmente hay que desarrollar políticas más agresivas para llegar al núcleo profundo de la informalidad. Para ello tenemos que aplicar una vara distinta según el caso: a las grandes empresas, irles con todo el peso de la ley; y con las pequeñas, aplicar políticas de acceso al crédito blando para aligerar el peso económico de los salarios.

¿Cree que en los últimos años se desarrolló un empresariado más maduro en la Argentina?
Ciertos sectores empresarios se han constituido como una suerte de excepción a la regla y entendieron de qué se trata el cambio de paradigma. Sin embargo, este cambio es muy pequeño: la mayoría del empresariado tiene una clara hostilidad hacia las políticas que representa el kirchnerismo. El último capítulo de este hostigamiento permanente fueron las corridas cambiarias, pero zancadillas como éstas se renuevan permanentemente, como si estos grupos trataran de volver a jugar con las viejas reglas del juego.

¿Lo seduce la idea de un pacto social entre empresarios, sindicatos y el Gobierno?
Sí. Creo que para ser coherentes con lo que Cristina Kirchner planteó frente al G-20, habría que impulsar en nuestro país un marco de concertación en torno a una convocatoria tripartita. Esto que la Presidenta planteó con tanta lucidez no es más que el Pacto Mundial para el Empleo que adoptó la OIT, donde se habla de una convocatoria de las tres partes para definir políticas de fomento al empleo, la producción y el mercado interno. Debería ponerse en práctica para empezar a demostrar que es el camino correcto.

¿Se concretó alguna reunión en ese sentido?
Hasta el momento no ha habido señales concretas. Lo único que funciona es el Consejo del Salario, pero la crítica que le hacemos es que es episódico: una vez al año y después se baja el telón.

¿Cómo recibió el discurso de Hugo Moyano en la cancha de Huracán?
Consideramos legítimas algunas cuestiones que tienen que ver con demandas muy concretas, como la necesidad de revisar a fondo el mínimo no imponible. Hay que cambiar las reglas del juego, pero no para beneficiar a quienes reciben grandes retribuciones -que con toda justicia deben aportar al fisco- sino para salvar de esta situación a trabajadores que estén en la base de la pirámide salarial. También compartimos el planteo del proyecto de ley de participación en las ganancias empresarias, aunque creemos que es un error convertir esto en una especie de “guerra santa”: la participación en las ganancias requiere un marco que establezca reglas de juego para todos, pero también una discusión empresa por empresa.

¿Qué crítica le haría a Moyano?
El orden de las prioridades, porque hay trabajadores en negro que jamás participaron de ninguna “ganancia”. Primero hay que resolver la situación de los que están respirando abajo del agua con una pajita, que no llegan siquiera al salario mínimo, vital y móvil. Por otra parte, no compartimos el giro que de pronto tomó Moyano cuando le hizo un guiño a (Juan José) Zanola, a quien aplaudió como si fuera Agustín Tosco saliendo de la cárcel de la dictadura. No compartimos el viraje hacia una alianza con (Luis) Barrionuevo, ya que junto al “Momo” Venegas representan sectores que fueron parte activa del menemismo.

Mientras que en años anteriores el enfrentamiento entre Moyano y Barrio-nuevo era más evidente.
Es que en eso hemos sostenido nuestra alianza con la CGT de Moyano. Juntos combatimos las políticas de Carlos Menem y juntos apoyamos el actual momento de cambio. La incoherencia de estas alianzas le quita consistencia al posicionamiento que hace y genera un gran signo de interrogación.

En ese sentido, ¿cómo ve el futuro de la relación entre el Gobierno y la CGT?
Lo más inteligente es tratar de recomponer esa alianza porque le devolvería unidad al campo popular. En política es algo inevitable: cuando uno comienza a deslizarse en la confrontación y empieza a sumar aliados por derecha, termina lamentablemente del lado de la oposición. Sin embargo, entiendo que está abierta la posibilidad de que las cosas vuelvan a su lugar.

Pablo Micheli aseguró que está evaluando realizar medidas de acción conjunta entre la CTA y la CGT. ¿Es posible la unidad de acción en casos puntuales?
Micheli condenaba a gritos la posibilidad de la unidad en la acción. Hablaba de la burocracia sindical, de los que traicionaban a la clase trabajadora. Hoy se zambulle de cabeza porque cree ver una CGT que se pasa al campo opositor, pero está viendo un espejismo. En lo personal, sigo creyendo que los trabajadores de la CGT no son enemigos de clase y que la central que conduce Moyano no es una especie de ghetto. La unidad de acción es un arma necesaria y legítima.

¿En qué estado está el reclamo de personería jurídica para la CTA?
Lo seguimos planteando de manera permanente y sigue teniendo el apoyo de la Confederación Sindical Internacional. Es una asignatura pendiente del Gobierno con los trabajadores y la sociedad.

Entrevista a Juliana Di Tullio

“Buscamos que todos los medios tengan el mismo acceso al papel”
La diputada Juliana Di Tullio explica los detalles de la ley aprobada el jueves 22, que regula el principal insumo para los diarios, y analiza el nuevo escenario legislativo.

por Federico Poore
Debate, 23-12-2011

Juliana Di Tullio ocupa un rol cada vez más importante en la estructura de legisladores del Frente para la Victoria. Desde el 10 de diciembre secunda al santafesino Agustín Rossi como vicepresidenta de la bancada oficialista en Diputados y fue la encargada de impulsar un proyecto kirchnerista clave como el de producción, distribución y comercialización de papel para diarios.
En diálogo con Debate, Di Tullio defiende la iniciativa y asegura que las cuotas de producción estipuladas acabarán con la necesidad de importar papel. “Si nosotros podemos abastecer a toda la Argentina con papel propio, ¿por qué no lo vamos a hacer?”, se pregunta.

¿Cuál es el estado actual de la producción de papel para diarios en la Argentina?
Es una situación de inequidad que lleva más de 35 años. Papel Prensa es la única empresa que produce pasta de celulosa para papel para diarios y sus dueños son los dos diarios más grandes de la Argentina: uno enorme de la Capital Federal, como es La Nación, y un gran multimedio como Clarín. Más muchos otros diarios que son de su propiedad y que son los que consumen papel. Estamos frente a dos grandes temas: la inequidad en el acceso al papel y la diferencia en el precio.

¿Cuál es el núcleo de esta ley?
El proyecto busca que todo el mundo tenga el mismo acceso al papel, no sólo los diarios de hoy, sino cualquiera que tenga ganas de sacar uno el día de mañana. El objetivo es que pueda tener el papel para ese diario y que, además, signifique el mismo costo, medido en términos porcentuales de lo que vale la tapa. Lo que hace también este proyecto es planificar la inversión de los accionistas para que pueda lograrse una mayor capacidad de producción nacional y que no haya necesidad de seguir importando papel.

El año pasado, como presidenta de la Comisión de Comercio, celebró cinco reuniones con distintos diarios. ¿Cuáles fueron sus testimonios?
Por una cuestión histórica, Ámbito Financiero fue el primero que vino. Se recordaron las denuncias de Julio Ramos sobre el disciplinamiento, la extorsión y la deslealtad comercial que tiene Clarín como dueño de la única planta de papel para diarios. Además, los dueños actuales nos mostraron la diferencia en números: no sólo no tienen acceso a cupos de papel de Papel Prensa, sino que tienen que importar todo el papel que usan para imprimir su diario, lo que significa una diferencia de cuatro millones de pesos. Eso es mucho dinero a la hora de hablar de costos para un diario. ¿Cuánta publicidad hay que tener para cubrir estos gastos? Ese mismo día estuvieron Página/12, diarios muy importantes de las provincias… pero, además, vinieron dueños de diarios del interior que fueron comprados por Clarín a partir de esta forma tan desleal de comercialización que tuvieron durante todos estos años.

¿Qué diferencias tiene esta ley con la iniciativa presentada por la ex diputada Cecilia Merchán?
Tiene la misma dirección en un noventa por ciento. Es decir, también declara de interés público la producción, comercialización y distribución de pasta de celulosa para papel para diarios, pero tiene algunas diferencias: una es el ámbito de aplicación. Para nosotros es el Ministerio de Economía; para el dictamen anterior era el Ministerio de Industria. Por otra parte, en el proyecto de Cecilia Merchán lo que había era una cláusula restrictiva, que sostenía que Clarín no podía seguir siendo dueño de las acciones que hoy posee y había una cláusula de desinversión.

¿Qué sucede ahora?
Según este proyecto, Clarín y La Nación pueden seguir siendo accionistas de Papel Prensa S.A. Lo que sí se les exige es que inviertan lo suficiente como para poder estar al máximo de su capacidad de producción. Si esto abastece la demanda interna, se acabó la situación, el resultado se divide entre el registro que va a haber entre los diarios que necesiten comprar el papel. Si esto no es suficiente para abastecer al mercado interno, entonces se deberá importar. Ahora, este valor a importar también va a estar distribuido equitativamente, lo que significa que Clarín y La Nación también van a tener que importar, con el mismo porcentaje que los otros diarios.

La iniciativa propone la creación de un Consejo Asesor. ¿En qué consiste?
El proyecto anterior creaba una Comisión Bicameral, pero en este proyecto lo que se crea es un Consejo Asesor, compuesto por un representante de cada diario de cada una de las provincias, más la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, además de trabajadores de gremios que tienen injerencia en el tema. Se van rotando cada cuatro años y no pueden reiterarse; pero, además, son elegidos entre ellos.

Esta comisión, ¿tiene voz y voto?
Tiene voz y voto y es asesora de la Comisión Bicameral de seguimiento, que busca que el proyecto de ley se cumpla en todos sus objetivos.

¿Qué sucede si los accionistas privados no invierten de acuerdo a lo estipulado?
Si Clarín y La Nación no quieren invertir como deben para llegar al máximo de su capacidad de producción, lo puede hacer el Estado, que –recordemos– tiene el 27 por ciento de las acciones. Ahora, los derechos políticos dentro de la empresa los va a ejercer el Consejo Asesor, o sea, los diarios de la Argentina. No el Gobierno a través de ningún representante.

¿Qué hay de las denuncias de algunos diputados acerca de que el verdadero propósito del Gobierno es estatizar Papel Prensa?
No tienen ningún asidero.

El Frente Amplio Progresista no acompañó el proyecto ya que sostuvo que el Ministerio de Economía recibía “facultades exorbitantes” en la empresa. ¿Qué opinión le merece esta crítica?
Deben decir la verdad. Ésas no son las razones por las cuales no acompañaron el proyecto. Lo dijo la diputada (Margarita) Stolbizer, lo dijo el diputado (Gerardo) Milman, referentes del FAP. Ellos no consideran que el insumo de papel sea importante, no buscan la injerencia del Estado para resolver este problema.

Algunos dirigentes aseguraron que, antes de consolidar a Papel Prensa como la única proveedora de papel de diarios del país, convenía fomentar la instalación de pequeñas plantas a lo largo del país.
Este proyecto no va en contra de eso, todo lo contrario. El primer cuerpo del proyecto, en su declaración de interés público, contempla el fomento de futuras plantas que produzcan papel en la Argentina. Por otra parte, quiero destacar que al final del marco normativo hay dos cláusulas transitorias, que son las que más les preocupan a Clarín y La Nación. Tienen un plazo de hasta tres años, pero puede ser de seis meses o, si quieren, la semana que viene: son hasta que sus objetivos se extingan. Es decir que si hay inversión, pierden su razón de ser.

¿Qué va a pasar con la importación de papel para diarios cuando se alcance ese objetivo? Hoy ese arancel está en cero.
El arancel tiene tasa cero en la importación por una disposición de este Gobierno: fue una medida tomada por la Secretaría de Comercio. Hoy el costo de papel importado termina siendo más caro porque uno debe contemplar costos de logística, el poder importar. No sabemos cuánto va a ser el precio de papel importado dentro de seis meses o cinco años. El proyecto tiende a fomentar la industria nacional. La Presidenta lo ha dicho claramente: no quiere importar un solo clavo. Si nosotros podemos abastecer a toda la Argentina con papel propio, ¿por qué no lo vamos a hacer?

¿Qué sucede si Clarín o La Nación, ofuscados por la medida, deciden dejar de ser socios de Papel Prensa? ¿El Estado piensa indemnizarlos?
Este proyecto está dentro de las reglas del juego de mercado y el Estado no tiene ninguna necesidad de quedarse con las acciones de nadie. Si quieren, las pueden vender. Si les parece que el negocio no es rentable, o si les parece que no es rentable la inversión para poder producir más y abastecer todo el mercado, pueden ofertar sus acciones. Pero me parece que en la empresa Papel Prensa hay una intención diferente.

Siguiendo con esta línea argumental, ¿qué pasa si estos diarios deciden no comprarle más papel? ¿Tendría sentido seguir impulsando una mayor producción?
Se van a asustar cuando se enteren, con el registro nuevo, de la cantidad de diarios que hay. Es mentira que Papel Prensa le provee a todos los diarios: le provee a todos los que la empresa quiere. Decir, por ejemplo, que el Diario de Morón -mi municipio- no es un diario, es una injusticia absoluta. Es una mentira. Son diarios que se han visto en serias dificultades cuando apareció el Clarín Zonal, medios del conurbano bonaerense que tuvieron que pelearla sin el papel de Papel Prensa. Es muy difícil abrir un diario en este país, hay que tener muchas ganas de hacerlo.

Sin embargo, cálculos periodísticos estiman que los dos principales diarios compran el 74 por ciento del papel que hoy se fabrica allí. ¿Qué pasa si se van?
No creo que no les interese tener Papel Prensa o que no les interese seguir comprando el papel. Si no fuera tan importante no resistirían tanto la medida.

Si se aplica esta ley, ¿cómo se modificará el panorama de los diarios argentinos en los próximos años?
El espíritu del proyecto es crear una situación justa para todos los diarios de la Argentina, donde todo el mundo va a tener papel, sobre todo si sigue siendo la política de Estado que se acaba de delinear y si la siguen aplicando los gobiernos que siguen al de Cristina Kirchner. ¿Sabe lo que significa tener que comprar papel al propio competidor, que además es el diario más grande? En ningún lugar del mundo el dueño de la fábrica de papel es el dueño del diario más grande del país. Es una situación irregular que ha devenido en una injusticia muy grande.

Entrevista a Gabriela Michetti

“Por reclamar que Macri sea candidato en la Ciudad, me quedé sola en el PRO”

La diputada Gabriela Michetti analiza el escenario político y las dificultades del PRO para consolidar una estructura de alcance nacional.

por Federico Poore
Debate, 17-12-2011

Gabriela Michetti vive un diciembre agitado. El llamado del Ejecutivo nacional a sesiones extraordinarias impuso a todos los diputados un esquema de votaciones contrarreloj que los legisladores acompañan lo mejor que pueden.
Este marco atraviesa la charla con Debate, donde Michetti -minutos antes de entrar a votar en contra del proyecto de Presupuesto del oficialismo- responde a los pedidos dirigenciales para que se presente como candidata en la provincia de Buenos Aires en 2013 y defiende sus decisiones hacia el interior del partido. Por ejemplo, su insistencia para que Macri fuese candidato en la Ciudad. “Sin armados provinciales no se pueden dar las transformaciones de fondo”, sostiene ahora.

¿Cuál será el rol de la oposición en el Congreso ahora que el kirchnerismo cuenta con mayoría en ambas Cámaras?
Seamos mayoría o minoría, el rol de la oposición debe ser siempre constructivo. Creo tener la autoridad moral para decirlo porque siempre intenté mantener una actitud de cooperación y de consenso. La oposición debe presentar propuestas y alternativas ya que la política tiene el rol de serenar, pacificar… Ésa es la gran deuda del kirchnerismo: alentar un país mucho más armónico, donde se pueden articular las distintas posiciones y visiones y hacer que los conflictos se puedan superar.

Para el oficialismo, fue justamente esa visión confrontativa la que marcó su éxito político.
Ellos tienen una visión de poder hegemónica: entienden que la política es un conflicto permanente a partir del cual se va creciendo. Los dirigentes de Estados democráticos y republicanos tenemos otra visión, más kantiana, donde la política viene a subsanar ese conflicto a través de un proyecto superador.

La revalidación electoral del kirchnerismo, con su llamado a “profundizar el modelo”, abrió un debate sobre los temas pendientes. ¿Cuáles cree que son estos asuntos?
Esa manera tan cerrada de concebir el poder les hace perder la oportunidad de hacer lo que muchos políticos inteligentes hicieron: seducir a la oposición tomando sus mejores ideas. La gran deuda del kirchnerismo es la fragmentación que va dejando a cada paso que da. Y no son sólo cuestiones de forma, porque en política la forma es el fondo también, hay mucho de percepciones, de símbolos.

Desde el PRO se insiste sobre una supuesta falta de “políticas de Estado” a nivel nacional. ¿En qué se basa esta idea?
Si se hiciera una lectura larga, de 1990 a 2009, de una cuestión central como la lucha contra la pobreza, se vería que en Brasil bajó el cincuenta y pico por ciento; en Uruguay, el cuarenta y pico; en Chile, el sesenta y pico. En la Argentina bajó apenas el seis por ciento.

Quizá la lectura del electorado no sea la de los veinte años, sino más corta. Que tome como referencia la crisis de 2001.
Seguro. En el corto plazo, los datos del kirchnerismo son buenos, pero siguen hablando de “crecimiento”. 2001 no puede ser más el dato de medición. Y no quiero decir con esto que esté todo mal: no soy pájaro de mal agüero, no creo como dicen algunos que estemos agarrados por pinzas. Pero me parece que hay varios temas de fondo que deben transformarse.

¿Cómo se logra eso?
Hay cosas que el Gobierno debe asumir que no está haciendo bien. La oportunidad es tan grande que si el kirchnerismo aceptara estas cosas y tratara de abrir el juego a un diálogo productivo con la oposición quedaría en el bronce. Esa pequeña apertura mental, de cierta humildad, creo que le haría muy bien al Gobierno y a la Argentina.

¿Está conforme con su rol de diputada?
Nunca estoy conforme porque tengo estándares de autoexigencia casi inhumanos. De todas formas, estoy en paz conmigo misma porque en mis decisiones nunca tuve por delante mi interés personal. Para mí, el poder es servicio. Hay que competir en las elecciones, no todo el tiempo: descreo del eslogan de la “campaña permanente”.

Le preguntaba porque hay quienes suponen que en este lugar no está suficientemente retribuida en el PRO.
Hacia adentro se habla mucho de ello: cuáles son los lugares que tendría que ocupar, que luego de mi gesto de renuncia (a la vicejefatura de Gabinete de la Ciudad) debería estar premiada de tal manera… Ese chiquitaje me afecta porque también busco el reconocimiento y el prestigio. Pero en 2009 dije “este partido necesita ganar una elección”, porque no teníamos dirigentes conocidos en ese momento, y tuve que renunciar. Si soy coherente con mis valores, tengo que poner por delante el proyecto colectivo y no el personal. Alguien puede decir: “era vicejefa y se fue de diputada, bajó de cargo”, pero cosas como éstas en el largo plazo vuelven a tener un significado.

¿Por qué lo dice?
Jorge Bergoglio lanzó una vez una frase que me sirve de guía: “El tiempo es superior al espacio”, dijo. En la Argentina, la pelea tiende a ser por el espacio y no por el proyecto. Estamos todo el tiempo distribuyendo el poder en la coyuntura, disputando espacios: ésa es la inmediatez en la que vivimos. Cuando no me convence demasiado el camino que tengo que tomar, pienso en esa dimensión temporal, que en mi caso es la visión de país que tengo. Ahí se va un poco la angustia del momento porque entiendo que es siembra de largo plazo.

Ya que hablamos de tiempos, al PRO parece estarle costando bastante despegar a nivel nacional. ¿Cómo encara el partido el desafío en ese plano?
Lo veo como un desafío de una enormidad gigantesca, pero no imposible. En los últimos tiempos hemos tomado decisiones correctas. Por ejemplo, fue correcto que Mauricio fuera candidato en la Ciudad: yo lo sostuve siempre y me quedé sola en el PRO, me comí flor de bifes y de conflictos por ese tema. Pero por suerte existe el reconocimiento de que fue una buena lectura.

¿Por qué el partido no se lanzó a competir a nivel nacional en 2011?
Estaba convencida de que teníamos que armar más en el interior. No es posible presentarse ante un país entero si lo único que se tiene es un buen candidato a presidente y una buena gestión en la Ciudad. ¿Cómo se hace para que se puedan dar las transformaciones de fondo si no se cuenta con candidatos a gobernadores, candidatos a intendentes? La creación de una masa crítica es el desafío que el PRO entendió que necesita hacer crecer.

¿Cómo viene ese armado?
En la provincia de Buenos Aires pudimos ir haciendo algo. En Santa Fe tuvimos a alguien como Miguel del Sel, que más allá de ser una figura conocida tiene vocación política y social, y que nos ayudó a crecer más fácilmente que en otros lugares donde se deben instalar candidatos. Hoy el partido entiende que hay que hacer un trabajo sistemático. Buscamos gente de otros partidos o gente que nunca haya estado en política para conseguir referentes en cada una de las ciudades y en cada una de las provincias para que nuestra propuesta en 2015 sea amplia.

De todas formas, coincide en que no es lo mismo tener cuadros políticos que figuras mediáticas.
Absolutamente. Una figura sola no sirve, es un trabajo más profundo. Hay que apostar a la gente representativa y, al mismo tiempo, contar con más gente que no haya hecho política antes.

El PRO intentó, en el pasado, una alianza con el peronismo. ¿Cómo ve esta posibilidad a futuro?
¿De qué hablamos cuando hablamos de peronismo? Tenemos un problema para definirlo. ¿Es el oficialismo? ¿Son los peronistas federales? Mi hipótesis es que con partidos políticos tan fragmentados confío más en las relaciones personales para luego recién armar partidos políticos. No creo en el personalismo, pero lamentablemente en este escenario hay que trabajar con dirigentes separados de sus estructuras. El PRO no tiene que hacer alianzas con cúpulas partidarias. Debe empezar a relacionarse con dirigentes.

En ese sentido, su amistad con Ernesto Sanz, ¿puede ayudar a tender una futura alianza con la UCR?
Del radicalismo tengo relación con Ernesto, pero también con Silvana Giudici, con Oscar Aguad. Son todas personas muy valiosas. Ahora, algunas personas en el PRO creen que el trabajo hoy es ir a captar dirigentes para que se pasen al partido. No creo en eso. Hay que conversar mucho con dirigentes e ir conformando un proyecto de país. Después, sobre quién encarne la potencialidad electoral de un proyecto, se discutirá. Ojalá sea Mauricio, pero la prioridad es ir armando una construcción programática.

Dirigentes como Jorge Macri o Emilio Monzó impulsaron activamente su candidatura en la provincia de Buenos Aires. ¿Qué piensa de esa posibilidad?
Lo he hablado bastante con Mauricio, fue con el único con el que hablé del tema. Pero no tomé ninguna decisión ni la pienso tomar hasta que sea el momento de hacerlo, es decir, antes del clima preelectoral previo a la campaña. Desde lo legal estoy habilitada en Ciudad, Nación y provincia. La decisión final la tomaré en función de dónde me sienta más útil.

¿Se siente más útil en un puesto ejecutivo o en uno legislativo?
A mí me gusta más lo ejecutivo, pero aprendí a valorar lo otro. El lugar legislativo es muy fructífero para generar lazos y sirve como un ejercicio muy fuerte sobre el ego porque hay que aprender a ceder.

La nueva agenda legislativa

La nueva agenda legislativa
El recambio en el Congreso favorecerá al Frente para la Victoria, que ahora contará con quórum propio en ambas Cámaras. La autocrítica opositora y las leyes que serán tratadas.

por Federico Poore
Debate, 12-12-2011

El kirchnerismo se prepara para dejar atrás el dificultoso Congreso que integró durante los últimos dos años. Gracias a los resultados del 23 de octubre, el oficialismo cimentó una renovada mayoría en ambas Cámaras, lo que promete un escenario distinto al dominio opositor que, desde 2009, había intentado organizarse detrás del “Grupo A”. Este nuevo panorama es, también, un desafío legislativo y varios comenzaron a preguntarse cuáles serán las próximas leyes en ser aprobadas.
La nueva composición tendrá su debut legislativo antes de fin de año, cuando la presidenta Cristina Kirchner oficialice el llamado a sesiones extraordinarias. Allí, el Gobierno intentará sacar temas económicos que considera centrales para el “modelo”, comenzando por el Presupuesto. El lunes 12, los diputados están citados para sancionar un dictamen de mayoría que pueda ser tratado en el Congreso dos días más tarde.
También en extraordinarias se buscará tratar la prórroga de los impuestos al cheque y los cigarrillos, así como la Ley de Emergencia Económica, un tema no menor, ya que establece la negociación directa del Ejecutivo con las empresas privatizadas. “Vamos a tener que sacar todas las leyes económicas que estuvieron estancadas durante este tiempo”, resumió a Debate el senador kirchnerista Daniel Filmus.
El objetivo del oficialismo es que la discusión llegue al Senado el miércoles 21, un apuro que cobra sentido si se recuerda que estas leyes vencen el 31 de diciembre y que el período entre fiestas -teniendo en cuenta los viajes de varios legisladores a sus provincias de origen- “está perdido”, según ilustró un diputado mendocino.
Tanto Filmus como Federico Pinedo, jefe de la bancada PRO en la Cámara baja, estiman que la Presidenta insistirá en diciembre con el proyecto de ley de tierras, una iniciativa del Ejecutivo que establece que sólo podrá estar en manos extranjeras el veinte por ciento del total de tierras rurales. Esta proporción correrá también para provincias, municipios y departamentos y será complementada con otra limitación que establece que un mismo comprador no podrá adquirir más de mil hectáreas en la pampa húmeda o su equivalente en distintas zonas del país.
Hasta el momento, ningún proyecto sobre límites a la extranjerización de tierras cuenta con dictamen de comisión, ya que los plenarios no llegaron a realizarse. La nueva composición legislativa debería facilitar el trabajo al oficialismo para que el suyo logre ser dictamen de mayoría.
Si aún queda tiempo, podrán tratarse en diciembre dos proyectos vinculados al tema del lavado de dinero, parte de las exigencias del GAFI para sacar al país de la llamada “lista gris”, aunque es probable que pasen directamente para el próximo año. Semanas atrás, el jefe de la unidad antilavado (UIF), José Sbatella, se comprometió, en París, a tener la nueva ley para junio de 2012. “Para nosotros sería bueno sacarla cuanto antes, ya que esto es una cuestión de Estado y así lo ha entendido la oposición”, aseguró.

UN AÑO MOVIDO
Los legisladores consultados coinciden en que el año que termina fue atípico por las elecciones y el tenso equilibrio de fuerzas, pero que en 2012 debería haber una mayor actividad legislativa. Hay quienes recuerdan que, durante el año que termina, hubo seis legisladores en fórmulas presidenciales, una treintena de candidatos a gobernador o a jefe de gobierno, y que decenas de ellos buscaron retener su banca o “cruzarse” de Cámara. De acuerdo con estos cálculos, la campaña electoral absorbió a más de un tercio de los diputados y senadores.
En este marco, Agustín Rossi anticipó que la agenda para el próximo año será “muy intensa” y dejó entrever que, además del proyecto de ley de tierras, el Gobierno impulsará activamente la reforma de la Ley Penal Tributaria, una iniciativa con la que buscará tener menos acusados por evasión pero con penas más fuertes. La ley propone elevar de cien mil a un millón de pesos el monto requerido para que se considere la evasión como delito penal y, al mismo tiempo, impide que los acusados puedan acogerse a la ley más benigna.
Un párrafo aparte merece la ley de entidades financieras que impulsa el diputado de Nuevo Encuentro Carlos Heller. “No avanzó nunca por falta del impulso del Ejecutivo, que no tuvo mayoría para imponerlo en las comisiones ni en el recinto. No tenía sentido empujar un proyecto para que después lo dé vuelta la oposición”, ilustró una fuente consustanciada con los pasillos del Congreso.
La norma busca que, con control del Estado, se obligue a los bancos a destinar un porcentaje de los fondos que mantienen en el Banco Central a préstamos para pequeñas y medianas empresas. De esta manera, la actual normativa de 1977 buscará ser reemplazada por una ley que impulse el crédito productivo y regule de manera más amplia los servicios financieros. Para Filmus, “se trata de una ley de envergadura tal que la tiene que enviar el Ejecutivo”, aunque se estima que varios opositores apostarán a la versión diseñada por Pinedo.
Otros temas que impulsará el oficialismo son la famosa ley de la música y las leyes de adopciones, de residuos electrónicos y de fertilización asistida, que de acuerdo con Filmus “se quedó en la puerta, estuvo a punto de ser aprobada el 30 de noviembre” en Diputados. También se prevé el regreso del proyecto para declarar de “interés público” la fabricación y distribución de papel para diarios.
Algunas de estas iniciativas podrán contar con el apoyo del Frente Amplio Progresista que conduce Hermes Binner. “Nosotros tenemos absoluta autonomía. Si el Gobierno lleva adelante temas interesantes como la ley de tierras o la posibilidad de gravar la renta financiera, no nos importa que su origen sea el Ejecutivo, las vamos a apoyar”, adelantó a Debate el senador Luis Juez.
Para Margarita Stolbizer, del GEN, la agenda del año próximo estará marcada por cuestiones económicas. “Hoy ya se observa un freno al crecimiento, y para revertir eso habría que pensar en mecanismos institucionales que funcionaran como incentivo a la inversión, acompañado por una discusión de una agenda relacionada con la transparencia”, dijo a esta revista. Esto significa, en términos concretos, que el interbloque del FAP que integra intentará discutir el próximo año la tan demorada ley de acceso a la información pública.
Además, existe para Stolbizer un tema estructural que deberá ser tratado “sin excusas” por el nuevo Congreso: una reforma del sistema tributario. “Todos coincidimos en el discurso sobre la necesidad de cambiar una estructura injusta y hacer que efectivamente los que más ganan más paguen, pero nadie le pone el cascabel al gato”, lanzó la diputada bonaerense.
Los radicales, en tanto, buscarán trabajar un perfil propio. La hipótesis que manejan en el partido es que, como segunda fuerza en el Congreso, deberán convertirse en el contrapeso legislativo del kirchnerismo. “La mayoría del Gobierno implica un gran desafío, no solamente para la oposición sino también para el propio oficialismo. El radicalismo deberá ejercer una oposición madura, responsable, con férreo control republicano, que va de la mano con el rol que la ciudadanía nos ha otorgado”, expresó el senador Luis Naidenoff. Entre los temas que buscará llevar adelante el radicalismo, dijo, se encuentra la reforma del Indec, la discusión sobre los superpoderes y el control parlamentario de los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU).
De todas formas, la UCR no descarta apoyar iniciativas “transversales” relacionadas con nuevos derechos sociales, aunque esto implique que terminen votando junto a varios legisladores del Frente para la Victoria. Así ocurrió con el proyecto de ley de identidad de género, que obtuvo media sanción en Diputados con el aval pleno de los radicales de la Cámara baja.
Otros temas que la oposición intentará impulsar -con bastante creatividad legislativa, ya que necesitará el apoyo de miembros del oficialismo- son la regulación de la publicidad oficial, una rebaja a las retenciones y la coparticipación del Impuesto al Cheque (que, se calcula, el oficialismo extenderá durante otro año sin mayores problemas).
“A partir de ahora, si no tenemos el acuerdo del kirchnerismo no podremos tratar nada, ni en comisión ni en el recinto”, explicó Pinedo, marcando el principal desafío opositor hasta 2013. El diputado del PRO agregó que en el próximo año el partido de Mauricio Macri buscará extender su política de acuerdos hacia todos los bloques.

AUTOCRÍTICA Y DESAFÍOS
Para Naidenoff, el principal problema parlamentario de los últimos años fue haber sobredimensionado las expectativas en función del resultado electoral de 2009. “Sectores del Peronismo Federal y de la Coalición Cívica alentaron la idea de que estábamos en condiciones de ‘comernos la cancha’ y esto no fue así. Para poder avanzar en ciertos temas se necesitaba el acuerdo del propio oficialismo y nos quedamos a mitad de camino”, se sinceró. El hombre que desde este mes conducirá el bloque radical en la Cámara alta propone repensar su estrategia a partir de una certeza: “No existe un partido llamado La Oposición. Los partidos opositores tienen sus propios matices”.
“Se trata de un Senado totalmente distinto, donde el Gobierno tendrá la chance de hacer todo lo que no se hizo durante los últimos años porque la culpa, supuestamente, la tenía la oposición”, explicó el senador del FAP Luis Juez. De acuerdo con el cordobés, “esta vez la conducción le corresponde al oficialismo, que no podrá tener más legisladores escondiéndose detrás de las cortinas para no bajar al recinto”.
Con respecto a la relación de fuerzas, los números son elocuentes. El Frente para la Victoria tendrá 116 diputados a las órdenes de Agustín Rossi y, si se suman los aliados, el oficialismo alcanzará sin problemas el mágico número de 129, que habilita el quórum para la Cámara baja, donde el oficialista Julián Domínguez -hasta esta semana ministro de Agricultura- asumió como presidente. En la Cámara alta, por su parte, el kirchnerismo contará con un total de 38 legisladores (uno más que el quórum reglamentario), 33 de los cuales integran el FpV.
Esta expansión tiene, como contracara, el retroceso de varios espacios opositores. En el Senado, el radicalismo contará con 14 integrantes, atravesados por internas entre alfonsinistas, cobistas y el sector del presidente saliente de la UCR, Ernesto Sanz. El FAP tendrá un interbloque de cuatro senadores y el peronismo disidente, si bien más disperso, alcanzará los 10.
El panorama se repite en Diputados. La principal oposición al bloque oficialista podrá ser la UCR, que con 41 bancas es la segunda minoría y ocupará la vicepresidencia segunda con uno de sus hombres, Mario Negri. El FAP, en tanto, funcionará como un interbloque conformado por el Partido Socialista, el GEN, el Frente Cívico cordobés, Unidad Popular y Libres del Sur, para un total de 22 legisladores. Además, el espacio de Binner obtuvo la vicepresidencia tercera del cuerpo, desde ahora en manos de la socialista Alicia Ciciliani.
Con similar número de bancas pero lejos de la pelea por el poder legislativo quedó el Peronismo Federal, en crisis luego de la partida de Felipe Solá y su floja performance electoral (su reemplazante, el mendocino Enrique Thomas, fue ratificado al frente de la bancada disidente). También en retirada está la Coalición Cívica, que después de colocar varios legisladores tras el segundo puesto nacional de 2007, se quedó con apenas cinco diputados.
De todas formas, la flamante relación de fuerzas no traerá de por sí más dinamismo legislativo: todo dependerá del impulso que le otorgue el Ejecutivo a los distintos proyectos en danza. En palabras de Naidenoff, “es posible que el oficialismo interprete que puede hacer lo que quiera porque los números le dan, pero en este contexto de ajuste y de crisis internacional, esperamos poder avanzar con los grandes temas”.

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Cuestión aborto, un tema espinoso
Finalmente, la despenalización del aborto no logró tratarse en el recinto este año y recién se volverá a discutir en 2012. Semanas atrás, la iniciativa tratada en la Comisión de Legislación Penal de la Cámara baja se quedó a tres firmas de convertirse en dictamen en minoría. El titular del cuerpo, Juan Carlos Vega (Coalición Cívica), convocó a un plenario con las comisiones de Familia y Salud, pero la reunión fracasó y el 20 de noviembre pasado venció el plazo para presentar dictámenes.
De esta manera, el debate legislativo sobre la interrupción del embarazo podrá ser retomado recién el próximo año, aunque con menos chances de las que tuvo hasta el momento, ya que varios de quienes están a favor de la despenalización ya cumplieron sus mandatos. Por otra parte, es probable que el kirchnerismo asuma la presidencia de Legislación Penal y la ley “no va a ser una iniciativa del Gobierno ni va a ser impulsada por el Ejecutivo”, según confirmó a Debate un senador kirchnerista.

Entrevista a Juan Carlos Schmid

“Se aproxima una etapa diferente con el Gobierno”

El titular del sindicato de Dragado, Juan Carlos Schmid, analiza las señales de Cristina Kirchner tras las elecciones, y el futuro de la CGT.



por Federico Poore
Debate, 03-12-2011

Quienes acuden a su despacho suelen detenerse frente a la misma foto. La imagen data de 1995 y muestra a Juan Carlos Schmid junto a un joven Hugo Moyano, cuando ambos se plantearon “recuperar” la CGT fundando el Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA) que se opuso al menemismo. Dieciséis años más tarde, Moyano conduce la central y Schmid -secretario general de Dragado y Balizamiento, un gremio con unos dos mil afiliados- lo acompaña en la mesa chica.
En la entrevista con Debate, Schmid reconoce cambios en la gestión de gobierno tras las elecciones del 23 de octubre y critica la decisión presidencial de no impulsar la ley de reparto de ganancias, aunque ratifica su alineamiento con el oficialismo. “Volver al MTA sería un retroceso”, sostiene.

¿Cómo ve hoy la relación entre el Gobierno y la CGT?
Indudablemente, este clima refleja la administración de una nueva etapa por parte del Gobierno. Creo que, por un lado, hay un reacomodamiento. Pero, por el otro, un ojo puesto en cómo va evolucionando la crisis internacional, cuya única certeza es la incertidumbre. Tal vez esto no sea válido para la Argentina, porque acá hay algunas “seguridades” en cómo el Gobierno ha afrontado la crisis de 2008, pero evidentemente hay una incertidumbre global.

Días atrás, la Presidenta desautorizó públicamente el proyecto de ley de reparto de ganancias. ¿Qué opinión le merece?
Vamos a insistir, porque creemos que es un elemento más para mejorar la distribución de la ganancia. La experiencia nos indica que una norma de menor jerarquía que una ley le termina dando una ventaja al sector empresario. De todas formas, en el fondo de la cuestión está el comentario que hace la Presidenta cuando se muestra dispuesta a que haya reparto de utilidades. Así que en lo central estamos de acuerdo: lo que no compartimos es cómo abordamos el tema.

Al no tener fuerza de ley, ¿cree que el mecanismo perdió su espíritu?
No, sobre todo porque así planteado puede alentar el conflicto. Si, como bien dice la Presidenta, esto hay que discutirlo en la paritaria, y allí hay una cerrada negativa, creo que en lugar de que se mantenga la baja conflictividad de estos años, va a haber una mayor cantidad de disputas.

¿Cómo recibió el discurso de Cristina Kirchner sobre el conflicto en Aerolíneas?
Ante todo, no estamos de acuerdo con que se le suspenda la personería gremial al sindicato aeronáutico. Es una cuestión grave para el ejercicio de la libertad sindical. Creo que hay otros procedimientos y ése es el extremo. Ahora bien, si de verdad no se respeta la conciliación obligatoria, el Ejecutivo está en todo su derecho a establecer una sanción de este tipo, porque hasta para aquel hombre que se sube al ring hay reglas: si uno pega por debajo del cinturón, queda descalificado. De todas formas, no creo que haya un gobierno que esté reaccionando con métodos militares, como ha manifestado (Ricardo) Cirielli. Me parece un disparate. No se puede comparar una cosa con la otra.

¿Cómo se resuelve el conflicto, entonces?
Nuestro pedido de volver al diálogo implica dos cosas: el directorio de la empresa no puede elegir la interlocución gremial bajo ningún punto de vista, y los sindicatos no pueden elegir la dirección de la empresa. Si tenemos eso en claro, la cosa tiene que funcionar bien.

Una versión periodística dice que el Gobierno está estudiando la posibilidad de declarar servicio público esencial al transporte aerocomercial, de manera tal de limitar los paros.
La cuestión con los sectores del transporte es de mucha sensibilidad. Una interrupción del transporte, y lo hemos vivido en los paros del subterráneo, provoca una reacción generalizada entre los usuarios, que también son trabajadores. El caso aeronáutico es distinto, porque el hombre de a pie no utiliza ese medio de transporte. Por supuesto que la paralización del servicio aéreo genera un alto impacto, pero es una situación que se da tanto en la Argentina como en París. Hay que darle cierta dimensión a la discusión.

¿La discusión en Aerolíneas es gremial o pesa más el componente político?
Se desarrolla en ambos términos, pero insisto en que tiene que haber un diálogo equilibrado donde aparezcan el papel de los sindicatos y el del directorio.

¿Cómo es hoy la relación con Mariano Recalde?
Con él mantuvimos una relación desde antes que fuera funcionario electo en cuestiones del mundo laboral, pero el vínculo más directo se da con los sindicatos específicos, es decir, con los aeronáuticos.

Y esa relación, ¿es buena?
Hay una tensión natural que se ha dado durante estos días, pero nosotros decimos que las soluciones deben partir de la mesa de negociaciones. Aerolíneas Argentinas es un ícono: muchos de nuestros sindicatos -que incluyen trabajadores que nunca van a volar-hemos gastado zapatos, movilizaciones, hemos perdido horas extras y premios para que Aerolíneas vuelva a ser de bandera nacional. Esto tiene que obligar a todo el mundo a reaccionar con la mayor lógica.

¿Existe el peligro de que el caso de Aerolíneas se replique dentro de otros gremios?
No, porque este caso tiene componentes especiales. Además, responde a la falta de inteligencia de los compañeros que no pudieron armar una coordinadora. La multiplicidad de identidades atenta contra la unidad sindical y contra la búsqueda de soluciones.

Las señales que dio el Gobierno luego de las elecciones, ¿pueden leerse como un punto de inflexión?
Indudablemente se aproxima una etapa diferente. La Presidenta ha nombrado mucho la palabra “innovación”, y nosotros tenemos que recurrir a elementos y procedimientos que den cuenta de los nuevos desafíos que se avecinan. Pero voy a repetir algo que ella misma dice: que no nos miren tanto por lo que decimos sino por lo que hacemos. Y lo que hemos hecho a lo largo de todo este período está siempre apuntalando al gobierno nacional.

Algunos sectores hablaron de una supuesta reconstrucción del Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA) para enfrenar “la ofensiva del Gobierno”.
No tiene ningún sentido. Formé parte de aquel pelotón de mando, pero sería un retroceso volver al Movimiento de Trabajadores Argentinos. Estamos frente a otra etapa. Creo que el movimiento sindical que se avecina no puede quedarse discutiendo únicamente si Moyano está o deja de estar.

¿Qué temas deben tratarse en esta nueva etapa?
Primero tenemos que dar una respuesta al tema del trabajo no registrado, a los compatriotas que todavía no tienen convenio colectivo de trabajo, aguinaldo o seguridad social. Pero, lamentablemente, todo este barullo no deja ver lo que hemos presentado, porque (Julio) Piumato, cuando estuvo en el Parlamento, presentó un proyecto para abordar el tema de la tercerización que hasta ahora no levantó nadie, ni el poder Ejecutivo. Sería bueno que alguien lo levantara, porque en el tema de la tercerización aparecen casos como el de (Rubén “El Pollo”) Sobrero o la trágica muerte del hombre del Partido Obrero en Constitución.

¿Nota que el Gobierno no los está apoyando lo suficiente?
No lo sé. Lo que digo es que hay un proyecto que estaría bueno que promovamos, ya que les daríamos una respuesta a cientos de miles de trabajadores que están en esas condiciones.

¿Qué otras deudas pendientes debe impulsar la CGT?
Cuando discutimos el mínimo no imponible, no es porque no queramos pagar los impuestos: así se lo he manifestado a la Presidenta. Queremos discutir una nueva formulación porque no nos parece justo que un hombre que tenga un ingreso importante pague un gravamen y otro que hace operaciones financieras no pague absolutamente nada. De hecho, la corrida bancaria no la promovieron los compañeros que pelean por el mínimo no imponible, sino quienes tienen una posición dominante en el mercado financiero.

¿Qué significa esto en términos concretos?
Como dice la Presidenta, con los números arriba de la mesa: mi hermano trabaja en un taller de la industria plástica, gana seis mil pesos y no cobra la asignación familiar porque se paga hasta los 5.200 pesos. Está claro que este tipo de discriminaciones genera mayores costos que beneficios.

¿Cómo se ve la discusión salarial de cara a 2012?
Esto lo he escuchado solamente del sector empresario. La Presidenta no dijo nada en la UIA, el ministro de Trabajo tampoco ha señalado nada, y son las dos autoridades más relacionadas al universo laboral, de modo que estimo que se va a apelar a la madurez.

¿Manejan algún número en el sindicato?
Nadie va a decir hoy cuál es el porcentaje que va a pedir, ni va a salir a decir que debe existir un porcentaje o limitación.

¿Le preocupa que hace un tiempo la Presidenta no convoque a Hugo Moyano?
Soy de los que piensan que hay que agotar al máximo la capacidad de dialogar y encontrar soluciones, pero al mismo tiempo digo que el diálogo por sí solo no funciona, tiene que haber una predisposición a encontrar soluciones tanto del sindicalismo como del propio Gobierno. Sentarnos a dialogar sin avanzar tampoco tiene mucho sentido.

¿Qué cree que debe hacer la central en este marco?
El Congreso de la CGT no puede encerrarse nada más que a discutir candidaturas, sino que debe sesionar para debatir cosas como la integración sudamericana y una plataforma de reivindicaciones. Si no lo hacemos, vamos a quedar por detrás de la oposición política, no solamente en relación con el Gobierno sino también en nuestra relación con la sociedad. Espero que esto sea valorado por la CGT en su próximo congreso.

¿Qué va a pasar con la CGT el año que viene?
Si veo la recuperación de derechos y de conquistas a favor de los trabajadores de los últimos ocho años, más la actitud coherente que se tuvo antes de 2003, sumado a que voten todos los trabajadores, creo que Moyano tiene una amplia adhesión. Ahora, si esto se reduce a una disputa para ejercer un liderazgo, donde levantemos la mano a un determinado candidato, no va a servir y no va a contar con esa adhesión.

Entre los postulantes a conducir la central están el propio Moyano, Antonio Caló y usted. ¿Existe alguna diferencia entre ustedes?
En el discurso podemos expresar lo mismo, lo que no podemos dejar de ver es el comportamiento que se ha tenido. A un candidato ya lo conocemos. A los otros, todavía no.