Entrevista a Mario Barletta

“Hay que fortalecer el partido y luego discutir las alianzas”

El jefe comunal de Santa Fe, Mario Barletta, analiza la crisis del radicalismo y las altas chances que tiene de conducir el partido a partir de diciembre.

por Federico Poore
Debate, 26-11-2011

Es una de las figuras ascendentes de una UCR en crisis, y no es para menos: todo parece indicar que el próximo 16 de diciembre sucederá a Ernesto Sanz como jefe del radicalismo. Intendente saliente de la ciudad de Santa Fe, es considerado por sus correligionarios como el hombre capaz de contener a los distintos sectores que buscan detener la sangría en el partido.
En diálogo con Debate, Mario Barletta lamenta los cruces entre dirigentes durante la convención nacional y traza un diagnóstico de la situación actual de una UCR “que empezó a perder su razón de ser”. “De algún modo, todos fuimos responsables”, asegura.

¿Se considera el “candidato de unidad” de la UCR?
Me halaga que distintos sectores hayan manifestado una posibilidad en este sentido, pero creo que más allá de los nombres es importante que se logren consensos sobre lo que el partido quiere ser. Es fundamental hacer un análisis de lo que pasó, más allá del resultado electoral.

¿En qué sentido?
Para hacer un balance del radicalismo tenemos que remontarnos a 1986 o 1987, los últimos años del período de Raúl Alfonsín, y ver si el partido estuvo a la altura de las circunstancias en los noventa, luego con la alianza electoral que surgió por entonces y finalmente los últimos diez años.

¿Y cuál es su diagnóstico?
El radicalismo empezó a perder su razón de ser. No es más lo que debería ser: una institución de cara a la sociedad, con fuertes niveles de participación. No digo que no haya diferencias en nuestro interior, es lógico que las haya, pero tiene que haber un límite: los partidos no pueden ser solamente el espacio para definir candidaturas. No puede ser que nos ocupemos de pensar qué esperamos de la educación, de la salud, la seguridad -es decir, que estemos obligados a escribir una plataforma- a días de las elecciones. El radicalismo de principios del siglo pasado surgió en un país con altas posibilidades pero donde no estaban resguardadas las libertades individuales. No pido repetir la experiencia, pero sí recuperar los movimientos de género, los ambientalistas, la posibilidad de representar estos derechos sociales. Y esa tarea necesita un partido moderno, profesionalizado, abierto a toda la ciudadanía.

¿Cuál es la principal autocrítica que debe hacer el radicalismo tras los resultados de las elecciones?
Quizás haya faltado fortalecer posicionamientos firmes, defendibles, que interpretaran lo que el país necesitaba en cada uno de los temas. Ahora, todos los que pertenecemos hemos sido responsables de algún modo, si bien algunos se hicieron cargo abiertamente.

¿Qué balance hace del encuentro de la convención nacional en Vicente López?
No creo que las críticas más intestinas tengan que darse a través de los medios. La ciudadanía no quiere que le digan qué porcentaje de votos sacó tal o cual (ndr: durante el encuentro, Gerardo Morales señaló que tomó el partido cuando nadie quería luego de la elección en la que Leopoldo Moreau obtuvo apenas el dos por ciento de los votos). Está bien que nos digamos todo lo que nos tenemos que decir. El tema es que no esté la falta de respeto, las imputaciones. No son ésas las formas de dirimir nuestras diferencias.

¿En qué consiste para usted la tan declamada “renovación” del radicalismo?
Un partido fortalecido que represente a la sociedad, que ejerza una oposición responsable y que encuentre consenso a la hora de tratar temas centrales. Cuando se discutió la ley de medios o el destino de los fondos de la Anses, no hubo posibilidad de generar estos consensos. Ahora bien, en términos de “renovación” el radicalismo no puede pedirle a nadie un paso al costado. No entiendo al partido de acuerdo con esta idea.

¿Qué rol debe jugar la Liga de Intendentes que integra junto a Víctor Fayad y Ramón Mestre, entre otros?
Se constituyó como un espacio al margen, no debidamente integrado por el partido. Debemos buscar mecanismos por los cuales los intendentes sean parte del debate permanente sobre leyes y otros temas importantes. Hoy representan un espacio muy próximo. No pueden estar ausentes.

¿Cuáles son los temas pendientes que el radicalismo deberá instalar de acuerdo al perfil del partido?
Soy un obsesionado con el tema de la educación. Hoy tenemos una mayor tasa de escolarización, pero los chicos no necesariamente aprenden ni están formados. El debate pendiente es por la calidad educativa, donde la Argentina está cada vez peor. Me pregunto si la decisión de Carlos Menem de provincializar la educación fue una de las causas. Hoy el Estado nacional no hace muchas cosas aparte de repartir netbooks, porque no tiene jurisdicción.

¿Cómo llegó a este lugar dentro de la estructura partidaria del radicalismo?
No tengo una respuesta clara. Desde el año 84 estuve dedicado a las políticas de la educación. Fui decano, rector… En 2007, no sé cómo me convencieron para ser candidato a intendente (risas). Siempre acostumbrado a la gestión. Así de corta es mi vida. He tenido, sí, afinidad con el grupo Morena, afinidad con el grupo de Ernesto Sanz, también, en su momento, con Julio Cobos. Todos, por algún motivo, han venido a la ciudad de Santa Fe y hemos discutido mucho sobre el futuro del partido.

En caso de que se convierta en el próximo presidente de la UCR, ¿cómo piensa contener a los distintos sectores dentro del radicalismo?
Hay que definir las estrategias legislativas y generar espacios de participación. En el comité tienen que estar representados todos los sectores, llamar a los jóvenes, dar más participación a los gobiernos locales… La situación es difícil, es cierto, pero a veces uno puede transformar una crisis en una oportunidad.

¿Por qué el radicalismo logró consolidar una alianza exitosa con el socialismo en Santa Fe, pero no una a nivel nacional?
Acá lo logramos porque primero discutimos programas, coincidencias, y recién después las candidaturas. En 2007 nos pusimos de acuerdo y no hubo internas; en 2011 llegamos con proyectos, hubo más de un candidato, fuimos a internas y volvimos a ganar. ¿Por qué no se dio a nivel nacional? Hablé con todos y cada uno de los actores, pensé que se podían unir en un frente… Algunos dan unas razones, otros dan otras, pero me consta que el radicalismo lo intentó. Uno de los problemas es que se empezó a hablar de candidaturas con mucha anticipación, sin un acuerdo programático. Ahora, muchas de las cosas que digo no son sólo aplicables al radicalismo: en un momento de éxito se esconden, pero los partidos políticos han dejado de ser instituciones que representen el momento por el cual surgieron. Se han transformado en una maquinita electoral.

¿Qué debe hacer el partido ahora?
Trabajar en un fortalecimiento propio durante un tiempo. La idea es fortalecer primero al radicalismo y luego discutir las posibles alianzas.

Sin embargo, hay sectores dentro del radicalismo que ven con buenos ojos una alianza con Mauricio Macri, mientras otros ya salieron a marcarlo como un límite.
Los límites pueden ser muchos, pero no comparto la idea de comenzar por ese lugar, más allá de que tenga clarísimo cuáles son mis límites en base a mis principios e ideologías.

¿Qué perfil deberá tener en el futuro la UCR? ¿Qué banderas no deben negociarse?
Las banderas del progresismo, la cercanía y la ética en la gestión pública. Tenemos dirigentes con altísimos niveles de honestidad y no hay partido que tenga estos antecedentes de respeto a las instituciones, ajeno a las hegemonías y los personalismos.

Entrevista a Alberto Sileoni

"La ciudadanía optó por un camino virtuoso"

El ministro de Educación, Alberto Sileoni, analiza el nuevo escenario nacional y evalúa el rol de los bloques opositores durante los próximos cuatro años.

por Federico Poore
Debate, 19-11-2011

El Ministerio que conduce fue una de las instancias de articulación de algunas de las políticas más emblemáticas del gobierno de Cristina Kirchner: la Asignación Universal por Hijo, la entrega de netbooks en escuelas públicas y el aumento de la inversión educativa medida en relación al Producto Bruto Interno.
En esta entrevista con Debate, Alberto Sileoni rescata estas medidas y celebra el consenso obtenido, aunque también se anima a pensar los desafíos y las deudas pendientes de un sistema escolar que colapsó con la crisis de 2001, cuyas secuelas sociales perduran más allá del buen pasar económico del país. Además, analiza el resultado obtenido por el kirchnerismo en las urnas y señala a Mauricio Macri como el verdadero opositor -“de centroderecha”- al gobierno nacional. “Hermes Binner tiene votos más volátiles”, asegura.

¿Qué balance hace de las elecciones del 23 de octubre?
Más allá de la alegría y de que fueron anunciadas, la ciudadanía optó por un camino virtuoso, por un gobernante que hizo mucho por hacer coincidir el decir con el hacer, y que no promete lo que no puede cumplir. Tanto Cristina como Néstor Kirchner le han hablado con mucha sinceridad a la gente. Han sufrido los embates de una oposición muy desorientada, que a veces hizo cosas poco positivas, de mucha maldad. Cristina tranquilamente podía haber hecho un mandato correcto, prolijo, con los grandes números funcionando, sin padecimientos… no te digo haciendo la plancha, pero peleándose “un poquito”. No fue el camino elegido. El camino fue ir hasta el hueso, discutir ese poder, el poder del campo, de los grandes poderes permanentes. Y de todo eso, como si estuviese exhibido en un gran friso, la sociedad fue tomando nota. También vio que algún medio mentía, y que medias verdades son mentiras completas.

¿Por qué cree que sucedió esto?
Hago una suerte de pequeño ejercicio: si no hubiese ninguna otra fuente de información, y lo único que quedara para un historiador dentro de cien años fuera un par de diarios, los que ya conocemos, la imagen que verían de este país en este momento sería atroz. Ocurrió algo casi diametralmente opuesto, más allá de a quién haya votado cada uno el 23 de octubre: no han sido tiempos atroces sino tiempos de libertad, prosperidad y recuperación de banderas que el movimiento popular había perdido, como los derechos humanos. Han sido tiempos donde la Argentina no se ha ido del mundo y ha hablando con una voz propia.

¿Cree que una de las fallas de la oposición consistió en su lectura a todo o nada, sin grises, del kirchnerismo?
Sí, aunque quiero destacar que el análisis siempre es relacional: no hay oposición en vacío. La oposición ha quedado inerme porque el Gobierno le sacó todas las banderas. Lo digo con cierta objetividad: éste es un gobierno inocultablemente bueno. Tomemos los centenares de discursos de Néstor y los centenares de discursos de Cristina: en ninguno te están vendiendo el paraíso, no están diciendo que esto es Disneylandia. De hecho, Néstor tenía la imagen de “salimos del infierno”. A nosotros, cuando nos preguntan, decimos que estamos mejor en educación, pero no te digo “Uf, satisfechos, esto es Finlandia”. Tenemos que remar mucho. Mirás para atrás e hicimos, pero mirás para adelante y queda más.

¿Quién piensa que puede ocupar hoy el liderazgo de la oposición?
No sé si se puede hablar de tercios, pero me parece que la centroderecha tiene un representante, que puede exhibir un nuevo triunfo en la Ciudad de Buenos Aires. Aunque es cierto que quedó como un triunfo municipal; en los últimos días de octubre terminamos discutiendo quién ganaba en Vicente López (risas). Una discusión chiquitísima frente a una elección nacional. Macri es una cabeza. Por supuesto, advierto como cualquiera que Binner ha tenido una elección que no es mala, pero allí tiene votos que son más volátiles, que son votos que antes estuvieron en otras cabezas, como la de la doctora Carrió, que si mal no recuerdo en 2007 salió segunda. Entonces ahí hay un voto que puede haber calificado positivamente a Binner y a su campaña, pero también es un voto opositor.

¿En qué sentido?
Nosotros hemos registrado en la Ciudad de Buenos Aires un voto en agosto a Duhalde-Pinedo, que en octubre fue Binner-Pinedo, una suerte de voto útil donde el pensamiento es “quién es aquel mejor perfilado para pelearle a la Presidenta porque yo no quiero que la Presidenta vuelva a ganar, entonces le pongo el voto a Binner”. Pero tal como se lo puso con ese razonamiento mañana se lo puede poner a otro.

Su lectura es que no hay en el país un 17 por ciento de socialistas convencidos.
Creo que no los hay. Me parece, en cambio que Macri concita un voto de centroderecha. Ahora, mientras haya un proyecto tan potente y tan representativo de los intereses del pueblo va a ser difícil construir una oposición, pero debería pensarse de manera más inteligente. Después de octubre no hubo una sola aparición de la oposición que permitiera pensar que está recuperándose, reconstruyendo un proyecto político alternativo.

En este escenario, ¿cuáles son los principales desafíos del gobierno nacional?
Se viene un año de cierta dureza. Hay que trabajar la impaciencia social. Vamos a seguir creciendo, pero quizás más contenidamente. Los aumentos salariales tendrán que responder también a un tiempo de mayor estrictez y contención. Tenemos que mejorar aspectos educativos. Tenemos que seguir avanzando en la distribución del ingreso. Como dice la Presidenta, “mientras haya un solo pobre no habremos de pagar la deuda que tenemos con la sociedad”. Me parece que estamos cerca de haber abatido el hambre extremo y creo que esas escenas de profundo dolor forman parte del pasado de la Argentina. Pero tendremos que mejorar el transporte, tendremos que tomar una serie de caminos… Cada ministro dirá el suyo.

¿Qué pasa en educación?
Tenemos que mejorar los aprendizajes. Haber construido 1.800 escuelas, tener 1.800.000 netbooks, más de cuarenta millones de libros, mejores salarios, todo eso es calidad. Forma parte de un continuo que hace que los alumnos estén mejor y que los docentes vayan a enseñar con más ganas. El tema de la inversión, también. Algunos dirán de buena leche, y otros con inocultable animadversión: “pusieron mucha plata pero no se ve”. Y es que llegamos al 6,4 por ciento del PBI en diciembre último: probá estar diez, quince años con ese porcentaje, en una sociedad donde los padres tienen trabajo, con cierta normalidad en el entramado social, que los pibes tengan una mesa familiar. Los resultados van a darse.

Después de ocho años, ¿empiezan a verse algunos?
Ya se empiezan a ver algunos. No es cierto que en la prueba PISA (ndr: Informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes) nos fue mucho peor: mejoramos desde 2006. Es cierto que la anterior medición había sido mejor, pero de 2000 a 2006 lo que pasó en el medio fue el derrumbe. Entre 2001 y 2003, en algunas provincias del norte el 80 por ciento de los pibes que iban a la escuela pública eran pobres. Es muy difícil pretender resultados. No hay resultados buenos en países que tengan una mala distribución de la riqueza. Pero vamos a mejorar. Tenemos que pensar cómo hacemos para abatir la repitencia en los primeros grados, hay técnicas para eso… Nos estamos proponiendo cosas como éstas: una educación para el Bicentenario, que todos los chicos de cuatro años tienen que estar adentro del sistema para 2016. La Ley de Financiamiento Educativo tiene un artículo segundo con once incisos: los fuimos cumpliendo, pero hay uno en el que tenemos que mejorar: incorporar más escuelas de jornada completa o extendida. Queremos cubrir el treinta por ciento de las escuelas primarias, a las más pobres.

Hace algunas semanas su Ministerio anunció la extensión del ciclo lectivo. ¿Cuál es el objetivo?
En la Argentina hay pocos días de clase -hemos cumplido por 180, vamos por 190-. Entonces suponiendo que un pibe no faltara un solo día a clase en la primaria, va a estar 720 horas al año frente a su maestro y va a ver 1000 horas de tele. Pero al menos ese pibe va a tener más horas en la escuela. Porque los no pobres, y lo digo sin ironía, han “privatizado” la extensión de la jornada: lo mandás a inglés, lo mandás a deportes, lo mandás a arte....

¿En qué estado está la discusión por la Ley de Educación Superior?
Está discontinuada. Creo que tiene que ser parte de lo que se viene. Tenemos que recuperar el diálogo. Este año se suspendió porque un año electoral, con tanta carga, no parecía el mejor para discutir algo que va a generar cola. Pero entre lo que viene, viene eso.

¿Qué ejes va a tener la discusión universitaria en los próximos años?
Vienen condiciones para que los jóvenes se reciban más rápidamente. Hay demora en el egreso universitario, lo que genera dispersión de recursos. Por otra parte, la Presidenta está insistiendo en seguir alimentando las vocaciones científico-tecnológicas, las ingenierías…

¿Qué otras discusiones se deben dar en términos de educación?
Tenemos que evaluar a alumnos y docentes. Vamos a empezar con algunas evaluaciones a los maestros, vamos a hacer más exigente su formación, hacer evaluaciones de segundo, tercero y cuarto año para los jóvenes que estén estudiando para ser docentes. Han sido ocho años muy potentes para la educación. Ahora tenemos que ir por medidas un poco más finas.

¿Qué va a pasar con este sillón después del 10 de diciembre?
Una sola persona lo sabe.

Pero, ¿cuál es su intención?
Me gustaría quedarme. Mejor dicho: nos gustaría quedarnos, porque somos un equipo de trabajo grande. Porque la Presidenta nos invitó a un desafío, somos un poco el producto de aquella derrota del 28 de junio y de sus cambios necesarios. Y aunque suene un clishé, es un extraordinario honor trabajar en este proyecto político. La Presidenta tiene ideas sobre educación, conoce e impulsa los temas, discute con sus ministros… Hay un equipo muy interesante en este ministerio, pero estaremos allí donde la Presidenta disponga que estemos.


EL IMPACTO DE LA ASIGNACIÓN UNIVERSAL POR HIJO

El Ministerio de Educación acaba de presentar un informe sobre el impacto de la Asignación Universal por Hijo en las escuelas. ¿Cuáles fueron las principales conclusiones?
Ratifica nuestra creencia en la importancia de la Asignación. Nosotros teníamos un número bastante consolidado de los alumnos que se habían incorporado en función de la asignación universal, que son entre 130 y 140 mil alumnos, pero el informe es cualitativo y presenta una serie de testimonios muy interesantes. Por ejemplo, los maestros aseguran que gracias a la asignación hay una mayor asistencia en las escuelas.

¿Por parte de quienes ya estaban?
Claro. Por un lado está el caso del chico que no estaba pero entró. Pero también está este otro fenómeno: la asignación trajo una mayor asistencia entre todos los que ya estaban en la escuela; sobre todo, de los sectores más pobres, que tenían una relación más distante con ella, más lábil, de entrada, salida a hacer una changa, vuelta… Esto consolidó papás más cercanos a la escuela, padres que pueden pagar la cooperadora, algún papá en Chaco o Formosa que dice: “El patrón a veces paga, a veces no paga, pero lo que está firme todos los meses es la asignación”.

De acuerdo con estos testimonios, ¿a qué se destina el ingreso de la asignación?
Está la mamá que dice que la asignación es intocable: “todo lo que viene de la asignación va a parar a mis chicos”. Pero está la otra que dice: “La necesito para comprar unas chapas porque en invierno hace mucho frío”. A nosotros, ambos destinos nos parecen educativos, porque mejorar la instalación eléctrica de una casa, hacer más confortable un lugar para que estudien los chicos, comer y vestirse mejor, también tiene que ver con educación. Alguna mamá dice que, con eso, puede comprarle algunas golosinas. Muchas mencionan el tema de los útiles. Los útiles fueron los primeros en caerse: siempre fueron más difíciles de comprar los de dibujo, los de actividades prácticas: esas cosas más caras volvieron.

En definitiva, ¿cuál es el principal cambio que observa en la escuela pública argentina de los últimos años?
Un fenómeno que resalto es que el eje de la escuela se ha vuelto a centrar en el aula. La escuela es la única institución que tiene como cometido enseñar. Otras instituciones pueden dar de comer, pero la escuela enseña. Y, durante un tiempo, ese eje se había distraído, el centro de la escuela había pasado a ser el comedor. Hoy, lentamente, vuelve a ser el aula. Algunos chicos van al comedor y eligen qué comer, hay algunos consumos culturales que se empiezan a ver, como por ejemplo los libros o la asistencia a Tecnópolis. Después aparecen otros que no son “culturales” en un sentido más estricto, pero que también forman parte de la recuperación de la dignidad. Algunos dicen: “Cada vez que cobramos pasamos por un comercio y nos compramos hamburguesas”.

¿Cuáles son los desafíos?
Ciertas voces son más críticas. Algunas merecen ser descalificadas a priori, como aquellas expresiones de que se lo gastan en drogas y alcohol. O de otro que decía que las chicas apuran el embarazo. Son críticas humillantes y agresivas. Pero hay otras que hay que escucharlas. Hay docentes que dicen que algunos chicos se compran celulares. Algunos papás no terminaron de advertir el valor de la escuela y tienen, en cambio, un valor mecánico, muy funcional al cobro. Ahí hay un elemento para mirar, porque de lo que se trata es de revalorizar la escuela, recuperar el valor del esfuerzo. Hoy la escuela figura como requisito. Tenemos que ver cómo hacemos para que esto no sea sólo un requisito sino una estancia activa, comprometida y participativa de los chicos en la escuela. Que no vaya a la escuela sólo para que el viejo cobre el beneficio.

La asignación fue implementada por medio de un decreto presidencial. ¿Cree que puede cobrar otro valor si se le da fuerza de ley?
(Piensa) Podría ser, pero no es un valor que llegue al usuario. El usuario está lejos de relacionar el valor de la asignación con su fuente normativa. El decreto-ley está legitimado por la sociedad y por la oposición, de hecho no se escuchan voces más allá de algunos trasnochados. El único destino de la asignación es el de crecer positivamente, que los padres empiecen a cobrar el salario familiar, del empleo protegido, decente y registrado. Quizás se pueda dar un paso más en la norma y convertila en ley, pero me parece que no le añade legitimidad.

Entrevista a Javier Auyero

Desde el barro

El sociólogo Javier Auyero analiza la persistencia de redes clientelares en el conurbano y cómo se organizan políticamente aquéllos que todavía están “afuera del sistema”.

por Federico Poore
Debate, 12-11-2011

Si bien el resultado de las últimas elecciones evidenció una amplia aceptación de las políticas encaradas durante los últimos años, aún persisten numerosas deudas sociales en la Argentina. Así lo atestiguan las obras de Javier Auyero, cuyos quince años de estudios de campo en el conurbano, además de obras fundamentales como La política de los pobres y La zona gris, convierten a este profesor y doctor en Sociología por la New School for Social Research en una voz autorizada.
En diálogo con Debate, Auyero revela las estrategias encaradas por los sectores populares en la actual coyuntura y anticipa algunas de las ideas de su nuevo libro, Pacientes del Estado, de próxima aparición.

¿Qué siente cuando escucha a políticos o comunicadores hablar del clientelismo como un fenómeno de “votos a cambio de favores”?
Lo primero que pienso es que soy, en parte, responsable de esa ecuación, porque mi primer libro se llamó ¿Favores por votos?. La idea era que no existía tal intercambio y que nunca había una relación quid pro quo, sino más bien una reciprocidad difusa: los punteros o mediadores les resuelven muchos problemas a los sectores populares, y estos sectores responden de manera estratégica a esas acciones. Lo que advertía en el libro es que el término clientelismo, como cualquier categoría relacionada con la vida de los más desprotegidos, podía terminar siendo utilizado como un estigma o un término acusatorio, y quería prevenir contra eso. En ese sentido, fue un fracaso: hoy el término clientelismo se piensa como “eso que hacen los punteros” y en los propios barrios referirse a alguien como “puntero” parece una acusación. Seguir pensando que la política clientelar se da en términos de órdenes (“te doy esto y vos hacés lo otro”) es mirar la superficie. Lo que establecen las redes clientelares es una cierta circulación. Pero una cosa es la circulación y otra es causalidad: una cosa es detectar que van bienes y vuelven apoyos, y otra cosa es decir que los bienes causan el apoyo. Los apoyos pueden venir por causas subjetivas, afectivas… El clientelismo no gana elecciones, lo que resuelve es un problema organizacional para un partido político moderno: ¿Qué hago entre las elecciones? Resuelvo problemas, distribuyo recursos, ayudo a hacer trámites…

¿Cómo cambió el fenómeno desde la época en que lo estudió?
Hoy, la cantidad de recursos que existen para repartir desde el Estado son infinitamente mayores. Sin embargo, la idea de clientelismo refiere a la relación personalizada y éste es un momento en el que varios planes ya no lo están. La Asignación Universal por Hijo no se basa en una relación personalizada: hay acceso universal. Pero también veo que la asignación garantiza diez días de treinta (del mes) y, en el resto, no es que haya abandono estatal: lo que hay es mucho espacio para la mediación, para acceder a estos recursos. Por ejemplo, el Argentina Trabaja está mediada por estos brokers o punteros. Cuando escribí La política de los pobres prácticamente no había organizaciones en el barrio más allá de la iglesia y de la unidad básica, y hoy aparecen algunas vinculadas al Estado y otras a organizaciones peronistas. En ese sentido, la “resolución de problemas mediante la mediación personalizada” sigue existiendo y la gente más marginada sigue resolviendo sus cuestiones cotidianas mediante estas redes.

Usted asegura que, contrariamente a lo que se cree, el clientelismo no es un fenómeno del peronismo.
No es una práctica exclusivamente peronista sino una manera consolidada de hacer política hacia el interior de los partidos, incluyendo varios partidos provinciales y municipios del Gran Buenos Aires. No existe una afinidad electiva, “ideológica”, entre clientelismo y peronismo. El tema es que la maquinaria peronista tiene acceso privilegiado a los recursos del Estado, sin los cuales es muy difícil hacerlo, y que se trata del partido con mayor penetración territorial.

Un relato que circula es que ciertos sectores sociales, en general asociados a las clases medias, “van” a una manifestación mientras que a otros, más pobres, “los llevan”.
Nadie “lleva” a nadie a un acto porque si uno sabe mirar, la gente va como forma de agradecer, como expresión de amistad. También porque sabe que si no va después le cortan los planes, pero entonces se trata de toda una diversidad de motivos. Es un fenómeno inherentemente ambiguo. La mejor definición de clientelismo me la dio una vecina de La Matanza: comparó al puntero con un “soguero”, alguien que te puede dar una soga cuando estás en la mala, pero con esa misma soga te puede ahorcar. Por eso, decir que alguien, de la clase que sea, hace algo por un solo motivo es entrar en la clasificación que hacen los medios. Como si los sectores populares fueran peones de un juego más amplio…

…O incapaces de pensar estrategias racionales.
Por eso insisto en que el clientelismo, desde el punto de vista del cliente, es una estrategia y no sólo una forma de dominación. Ahora, si seguimos pensando que se trata sólo de dar choripanes, podemos llegar a creer que con dejar de repartir choripanes se termina con el clientelismo, y no es así, porque está basado en otra economía moral.

¿Qué ven los estudios de campo hoy sobre el mercado de trabajo en los sectores populares en la Argentina?
Si uno ve los números puede observar que hubo un fuerte crecimiento económico. Ahora, sobre el terreno, en base a encuestas e innumerables conversaciones que mantuvimos durante los últimos años, lo que vemos es una explosión del sector informal. Si bien con el crecimiento hay muchos recursos dando vuelta, todavía no hablé con un obrero formal. Esto no quiere decir que la gente esté en su casa sin trabajar: de hecho allí cerca está la feria más grande de la zona, La Salada. Pero el fenómeno es consistente con lo que pasa en muchos otros países de América Latina, donde va a parar la mayor parte de los beneficios del crecimiento económico, no a la reformalización.

En La zona gris analizó las clases populares como sujeto de acciones colectivas a partir de los saqueos de 2001. ¿A qué conclusión llegó?
Nuestro primer dato duro fue que hubo 289 episodios de ataques a mercados o supermercados. Analizando quién estaba en cada lado, se advierte una danza entre punteros, saqueadores y la policía. La policía va para un lado (Carrefour, Coto), los saqueadores van para el otro (los “purretes”, los chinos). Lo que parecía una expresión de caos en realidad tuvo ciertas regularidades, lo cual no quiere decir que haya sido una conspiración. Lo que hicieron los punteros fue acompañar y dirigir a la gente hacia donde era más seguro saquear, donde la bonaerense no podía tirar. Algo alejado del relato simplificador de los medios, que lo mostraron como “una expresión de hambre”.

¿No lo fue?
Si fuese sólo el hambre, ¿por qué el 19 de diciembre y no en noviembre? Uno puede decir “la cercanía de las fiestas”, pero entonces ya no es sólo el hambre. Entre la necesidad y la acción colectiva hay tres o cuatro mediaciones: las oportunidades para actuar, los recursos, las redes para organizarse... YPF se fue de Cutral-Có en 1992, la pueblada ocurre en el 96. Si uno asume que el tema era el desempleo, ¿por qué no hubo piquetes en el 93, en el 94, en el 95…?

Un poco lo de E. P. Thompson cuando describió la economía moral de los pobres.
Curiosamente, para Thompson las redes se tienen que romper para que estalle la multitud. En los saqueos, las redes no se rompieron, sino que canalizaron la violencia colectiva. Este escenario también se vio en el Parque Indoamericano. El crecimiento de las villas, del que tanto se habla acá, no es un fenómeno local, sucede en todo el Tercer Mundo, donde las metrópolis se expanden en asentamientos informales. En el Indoamericano estuvo la necesidad de tierras, pero salvo que uno esté mirando otro canal, no puede obviar que hay oportunidades para actuar, redes, organizadores. Cualquier fuerza colectiva necesita organizadores.

¿Cómo evalúa el declive del fenómeno piquetero?
Ha mermado lo que manifestaba el piqueterismo, que es el corte de ruta. Pero hay organizaciones que, con menos miembros, siguen funcionando en los barrios con buena implantación territorial. Que haya disminuido la actividad de protesta es lógico porque la demanda de empleo disminuyó y porque muchas organizaciones hoy tienen lazos con el Estado. Esto no quiere decir que hayan sido cooptadas o que “los compraron”: si uno se pone a pensar que la exigencia era conseguir empleo o planes de trabajo, y los consiguieron, bueno, tuvieron éxito. Ahora, si uno pensaba que iban a hacer la revolución socialista, como se pensó en su momento, el que se equivocaba era el que pensaba eso.

¿Qué sucede con la acción colectiva en este momento?
Veo mucha organización y participación, lo que no hay es mucha beligerancia. Pero eso no quiere decir que los sectores populares estén sentados en su casa: participan de un comedor, están en un taller...

Pero todavía no se expresa en una acción directa masiva.
Las preocupaciones han cambiado y no hay un repertorio listo para dar cuenta de esas demandas. Hoy la preocupación central de la enorme mayoría de la gente con la que trabajamos es la falta de infraestructura básica y la violencia. Si bien el discurso de la inseguridad lo dominan las clases medias, la inseguridad ciudadana afecta a los que están más abajo en el orden sociopolítico. La preocupación de los vecinos con los que charlamos es que un “transa” le mate al hijo, que le violen a una hija en la esquina, que le peguen al chico a la salida de la escuela. Hoy un chico de ocho años promedio en estos barrios vio a un muerto en la calle. En ese sentido, el primer cordón del conurbano se parece más al Bronx de los ochenta que a un lugar donde hay empleo y crecimiento económico. Pero en torno a esa preocupación parece ser muy difícil organizar las redes ya que, justamente, como la gente tiene miedo se retrae en sus casas.

¿Qué papel juegan los imaginarios colectivos? El clima de crisis y de falta de salida de 2001 terminó en revuelta, pero en 2011 el descontento se traduce en una cierta paz social…
Habría que pensarlo un poco más en voz alta. ¿Paz social para quién? En el año 2001, los sectores medios no tenían paz social: había cortes de ruta, caos en las calles, gente que protestaba… El tema es que hoy tampoco hay paz social, al menos en los barrios que investigamos. Te puedo dar datos de los lugares donde se están matando a tiros. Entonces es una falta de paz social entre los más destituidos. Lo mágico es que esta violencia parece no moverse, porque al estar los sectores populares tan segregados, la violencia queda localizada allí. ¿Pero qué está detrás de esto? Que en los últimos años se ha expandido el mercado de las drogas.

¿Cómo se relacionan estos fenómenos?
De distintas maneras. Según el discurso que se escucha en la Argentina, la violencia y las drogas están relacionadas, en primer lugar, por los efectos psicofarmacológicos: alguien se fuma una pipa de paco, sale y le rompe la cabeza a alguien. En segundo lugar, por un vínculo orgánico psicobiológico: alguien que aún no está bajo el efecto de las drogas sale y le roba a alguien porque quiere consumir. En realidad, existe una tercera relación, que se explica entendiendo cómo funcionan los mercados ilícitos donde las ganancias son muy altas, violentos per se. ¿Por qué? “Me diste la mitad del producto, te fumaste la otra mitad”: no hay un tercero a quien ir a reclamar. No podés ir al policía y decirle: “Mire, yo le di diez pesos y me trajo la mitad de la dosis de paco”. Sin nadie a quien reclamarle, los conflictos se dirimen por medio de la violencia.

¿Cuál cree que puede ser el aporte de la sociología en estos casos?
En esto me parezco más a mi hijo de seis, que cree y a la vez no cree en Papá Noel. Quiero creer que lo que uno escribe va a tener algún impacto. Tengo muchas dudas todos los días; pero si dejo de creer, paro de escribir. Si lo que nosotros estamos viendo tiene plausibilidad, el abordaje a estas formas de violencia no puede ser desintegrado. No podés tener al instituto de menores en una oficina y en una hora de viaje en bondi la orientadora social, a media hora el asesor de familia, a una hora y media la comisaría de la mujer. Tiene que haber una institución que ponga a esos cinco funcionarios en un mismo lugar. No estoy en el diseño de políticas, pero creo que la sociología tiene la responsabilidad de escribir sobre los temas que importan.


LA TOLERANCIA CERO

“La tercera parte de los chicos con los que estamos trabajando tiene un familiar preso. Hoy la prisión es una institución más de los sectores populares, como no lo era hace quince años”, asegura Auyero.

¿Qué balance hace de las políticas de seguridad de los últimos años?]
Algo sabemos: la criminalidad aumentó, las tasas de criminalidad aumentaron. Y en las últimas dos décadas las tasas de prisionalización aumentaron un trescientos por ciento. Eso en mi libro se llama políticas de tolerancia cero: lidiar con la prisión los efectos colaterales.

¿Así se construye la “paz social” de los sectores medios?
Sí, pero nadie se queda en la prisión de por vida. Ciertas personas circulan adentro y afuera. No estudio la prisión, pero no hace falta mucha imaginación para saber qué es lo que se aprende allá adentro. La pobreza se puede construir de muchas maneras y no digo que ésta sea la única, porque para eso está la asignación y hay muchas maneras de documentar su impacto. Pero ese brazo punitivo está muy presente. Y la mayoría de los que terminan tras las rejas caen por comercio de drogas menores. Además, en estos barrios, la Gendarmería es la fuerza del orden. Así se trata a la pobreza: están militarizados. Podemos decir que existen otras estrategias, pero lo que veo es que hace quince años la Gendarmería no estaba en el barrio: hoy está. Hace quince años, la prisión no era un objeto de lo que la gente hablaba: hoy pasa todos los días un micro tumbero que va a las distintas prisiones.

¿Por qué fracasaron estas políticas?
Cuando hablamos de la prisión como una institución, alguien tiene que estar pensando en políticas de integración. Si no, hacés como que controlás y, en realidad, estás generando un problema. Así funcionaron las políticas de tolerancia cero: en el corto plazo pensás que removiendo la población bajás el peligro, pero en el mediano generás una fábrica de violencia que migra otra vez al barrio.

Entrevista a Jorge Macri

“Sería espectacular que Michetti fuera nuestra candidata en la provincia”

Jorge Macri, intendente electo de Vicente López, analiza su victoria y anticipa cómo será el diálogo con Daniel Scioli y el gobierno nacional.

por Federico Poore
Debate, 12-11-2011

Su triunfo ante Enrique “El Japonés” García marcó el desembarco del PRO en el conurbano y cortó con veinticuatro años ininterrumpidos de reinado del radical K. Ahora le toca gobernar un municipio complejo, un desafío que se dispone a enfrentar con la ayuda del intendente saliente y de su primo Mauricio Macri.
La charla con Debate tiene lugar en una cafetería sobre la avenida Maipú, donde Jorge Macri analiza las dificultades del PRO para instalarse en el conurbano y la posibilidad de que la diputada Gabriela Michetti encabece la lista de candidatos a diputados bonaerenses en las próximas elecciones legislativas.

¿Cree que dio un batacazo en Vicente López?
Sin dudas. Primero porque le ganamos a un candidato difícil de vencer: alguien que hace 24 años que está en el poder, con mucha instalación, aparato, y que se presentó con la mejor candidata a presidente. Además, hizo una buena elección -sacó 34 puntos-, no es que la gente dijo: “Bueno, echémoslo a García a cualquier precio”. Un tercio de la gente lo votó. El otro batacazo es haber sobrevivido a la caída del espacio nacional que me llevaba como candidato: Eduardo Duhalde bajó de 20 a 9 puntos y me obligó a mí a un doble esfuerzo: en primera vuelta agregué 12 puntos de corte, ahora tuve que sumar casi 28. Para que se entienda la magnitud de la victoria: de los 62 mil votos que obtuve, 54 mil fueron cortados. En síntesis, fue un doble batacazo, a quién le ganaste y cómo le ganaste.

¿Cuáles fueron las claves de su triunfo?
Primero, la gente buscaba cambiar. Segundo, creo que hicimos una campaña de mucha cercanía. Estuve en reuniones pequeñas con 18 mil vecinos, hice más de 850 encuentros. Creo que la gente espera eso de un intendente. Por último, la cercanía con la Ciudad de Buenos Aires. La gente ve esa gestión y nos percibe como un espacio político que puede transferir parte de eso acá. No me ve como un loquito que anda dando vueltas sin un anclaje político, sino una experiencia tangible, cosas que le gustaría ver en su distrito.

¿Lo favoreció la división de los candidatos kirchneristas?
No, porque en la segunda vuelta esa división ya no existía. Para la general, el Japonés logró bajar a todos los candidatos locales que venían por el lado de Cristina. En realidad, competía contra la dispersión del lado de la oposición: García terminó siendo el único candidato local de Cristina, lo que le permitió obtener todos sus puntos más algún puntito de corte, mientras que tuve que enfrentar a Horacio Alcuaz con una lista nacional muy fuerte como la de Binner, a Norberto Erro con la figura de Francisco de Narváez…

Otros intendentes de la zona también perdieron sus cargos. ¿A qué lo atribuye?
Encuentro algunas razones para la victoria de Luis Andreotti en San Fernando, ya que es alguien muy instalado, que venía trabajando desdes hace tiempo en la oposición y que tuvo el importante apoyo de Sergio Massa. Además, el gobierno de Osvaldo Amieiro estaba bastante desgastado. Esto tiene que ver con un cambio conceptual, de ser intendente a ser la cabeza de gobierno local. Si uno agarra el diccionario, bajo “intendencia” dice: “El que administra lo que existe”. Hoy, a un intendente, se le pide más que eso: que genere desarrollo, que tenga visión estratégica, que discuta medidas de largo plazo, que promocione la producción… Amieiro no comprendió ese cambio de época, el mismo que se llevó puesto a García. En San Martín no tengo muy en claro qué pasó, porque Ivoskus tenía un concepto más moderno de gestión, pero evidentemente Daniel no fue el buen candidato que hubiera sido el padre.

¿Qué análisis hace de los resultados que obtuvo el PRO en el conurbano?
Lo de Néstor Grindetti en Lanús fue muy bueno, sacó 18 puntos a puro corte en un distrito con poca cultura de corte. Me parece que hizo una elección bárbara. El resto sufrió el efecto de la caída de Duhalde. La mayor parte de nuestros candidatos estaba dentro de su lista y no pudieron hacer lo que pude: escapar a su caída dramática. Los resultados no fueron los que nos hubieran gustado, ni lo que muchos de ellos se merecen por el trabajo que habían hecho, pero no es fácil escaparle a la caída de un espacio nacional en el conurbano.

¿Cómo es su relación con Jesús Cariglino?
Muy buena. Lo conozco desde hace tiempo y valoro muchas de las cosas que está haciendo, como el polo sanitario de Malvinas. Me parece que es un intendente que ha sabido reinventarse y que por eso pudo hacer la elección que hizo. Logró mucho corte y sobrevivió a lo de Duhalde.

Si los vecinos apoyan su gestión, ¿espera estar ocho años en Vicente López?
Mi deseo es estar dos períodos, nunca más. Es uno de los compromisos que asumí en campaña. La reelección indefinida de los intendentes es mala, no es bueno que nadie se quede más de dos períodos en ningún cargo ejecutivo. Los dos períodos permiten consolidar una gestión y prepararse para que otro tome la posta.

¿Cuál será, entonces, la oferta electoral del PRO en la provincia de Buenos Aires?
Para 2015 no lo sé, falta mucho. Sería espectacular si Gabriela (Michetti) pudiera ser candidata en 2013, lo que nos permitiría consolidar un espacio propio muy auténtico. Ella es una figura bárbara, querida por la gente. Ojalá la hagamos sentir cómoda y entusiasmada para que pueda venir a darnos una mano.

¿Y ella hasta ahora qué dice?
Sé que se está hablando. No lo he charlado con ella, pero entiendo que, como siempre, lo va a madurar, lo va a pensar. Gabriela es una persona que prioriza mucho el proyecto de conjunto, así que si se siente razonablemente cómoda, creo que es capaz de hacer un gesto.

¿Qué relación tiene ahora con Francisco de Narváez?
No tengo relación. Me mandó un mail después de la elección, se lo contesté, pero no tengo otra relación que no sea ésa, ni tampoco estoy trabajando en recuperarla o reeditarla. Creo que su decisión de discontinuar Unión-PRO generó mucho daño en el PRO y en muchos peronistas que no pudieron ser parte del proyecto 2011. No digo que no se pueda hacer nada en el futuro, pero hoy sería absolutamente prematuro e irresponsable de mi parte plantear la recomposición de una relación que dejó heridas muy profundas.

Luego del magro resultado de De Narváez en la provincia de Buenos Aires, ¿esperan recibir algunos de sus dirigentes en el PRO?
Jorge Srodek (ndr: legislador bonaerense, oriundo de Coronel Dorrego) ya anunció el pase a nuestro bloque. Mucha de la gente que creyó en el proyecto Unión-PRO, por la conjunción que planteaba Mauricio con Francisco, hoy ve con más coherencia el proyecto de Mauricio.

¿Qué debe hacer el PRO para pegar el salto a nivel nacional al que le vino siendo esquivo en los últimos ocho años?
Trabajar. Seguir sumando. Encontrar personas importantes, valiosas, a veces de la política, a veces no. Lo que hicimos en Santa Fe con Miguel (del Sel) es muy importante. Hoy en la provincia tenemos esta intendencia, los concejales, nuestro bloque y el trabajo de consolidación política de Emilio Monzó en su vínculo con aliados. Es cierto que todavía no tenemos todo lo que necesitamos para 2015, pero creo que trabajando sobre esas bases y sobre el atractivo que genera la figura de Mauricio Macri para la nacional, vamos a tener una construcción razonable, donde el PRO va a tener una parte de ese protagonismo, y el resto lo van a tener los aliados que coincidan con nuestro proyecto.

Hace algunas semanas, Federico Pinedo sostuvo en Debate que la construcción del armado del PRO debía pasar mucho más por Internet y las redes sociales porque el armado político tradicional era “de la época de 1920”. ¿Coincide con esa lectura?
No, creo mucho en la combinación de ambas cosas. Obviamente, las nuevas tecnologías son una herramienta de comunicación maravillosa, que te permite tener acceso principalmente a los jóvenes, pero de ninguna manera estas herramientas suplantan una construcción política, algo que tiene que ver con el vínculo, con las personas y con meterle muchos kilómetros a la provincia.

¿Cómo será su relación con el gobernador Daniel Scioli?
Me parece que con Scioli va a ser buena, ¿no? Él ha demostrado una gran capacidad de vincularse con los intendentes de la oposición, tanto que a veces se lo han echado en cara los oficialistas. Scioli hace una lectura moderna de la política, entiende que hay un momento donde uno confronta, que es la elección, pero después nos eligen para gobernar con todos. En mi distrito ganó Cristina, ganó Scioli y gané yo. La gente nos está dando un mensaje: “tienen que trabajar juntos”. Además, vamos a tener un bloque importante en la Cámara y eso ayuda a mantener ámbitos de acuerdo. El gobierno nacional es una incógnita que espero develar con mucha esperanza.

Luego de las elecciones, Horacio Rodríguez Larreta expresó su interés en hacer varias cosas con el gobierno nacional. ¿Nota un cambio de mentalidad del kirchnerismo para con la oposición?
Lo veo, lo noto, aunque creo que es razonable que todos tengamos una sana duda, porque hemos visto ocho años de un comportamiento muy distinto. Desde la esperanza y desde el deseo voy a hacer todo lo posible porque eso continúe. Desde el análisis racional, me permito tener algunas reservas.

LA TRANSICIÓN

¿Qué acuerdos faltan cerrar antes de su asunción?
La información que estamos recabando muestra un crecimiento irresponsable de la planta de empleados. Hace dos años, este municipio tenía 3.800 empleados. Hoy tiene 6.100. Estamos muy preocupados. Esta semana voy a pedirle una reunión al intendente para que corrija muchos de estos desvíos, sobre todo los que ocurrieron durante este año. Me parece que él merece irse sin un escándalo.

En caso de que no lo haga, ¿prepara un recorte?
Me parece imprescindible revisar qué funciones está cumpliendo esta gente. Aparecieron 400 nombramientos del 14 de agosto para acá.

Más allá de esto, usted le pidió a García que sea su consejero. ¿Es un gesto político o tiene que ver con su necesidad de armar un equipo para gobernar el distrito?
Tiene ver con cómo soy yo. No me creo dueño de la verdad y puedo aprender cosas de alguien que hace veinticuatro años que está en el poder. Además me gustaría que el día de mañana quien tome la posta me llame para que le dé consejos.

Vicente López es un distrito grande y complejo. ¿Ya cuentan con cuadros técnicos como para hacerse cargo del gobierno?
Sí, pero siempre estamos atentos a que aparezca alguien mejor. La Ciudad nos está dando una mano muy grande y eso nos da mucha tranquilidad. También se han sumado referentes de otros espacios políticos locales. Entre esos equipos más los nuestros, creo que estamos conformando un gabinete de lujo.

O sea que no le va a robar mucha gente a su primo…
Alguna sí (risas). Muchos jóvenes que por ahí son segundas o terceras líneas en la Ciudad, que han aprendido mucho de las complejidades de la gestión y que están pidiendo pista, pueden pasar de ser directores en la Ciudad a ser subsecretarios o secretarios acá. Ése es el tipo de perfil que nos podemos estar “llevando”.

La Iglesia después de Bergoglio

La Iglesia después de Bergoglio

Ante el inminente retiro de Jorge Bergoglio, la jerarquía de la Iglesia Católica argentina debate el perfil que tendrá el nuevo presidente de la Conferencia Episcopal.

por Federico Poore
Debate, 05-11-2011

Mientras aún resuenan los ecos de las elecciones presidenciales, la Iglesia Católica se dispone a definir la conducción política que tendrá en los próximos años. El cardenal Jorge Bergoglio, titular desde hace dos mandatos de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), no puede ser reelegido para el cargo, lo que provocó que el clima previo al encuentro en Pilar esté marcado por las pujas entre postulantes “moderados” y “conservadores” para presidir el máximo cuerpo eclesiástico del país.

Los puestos por renovar son varios. Además de la titularidad y de dos vicepresidencias de la Comisión Ejecutiva, será definida la presidencia de más de 25 comisiones episcopales y los cargos estratégicos de Cáritas Argentina, en la que finalizará su ciclo el obispo Fernando Bargalló, y la presidencia de la Comisión de Pastoral Social, puesto que dejará vacante el obispo Jorge Casaretto.

“La Conferencia representa el conjunto de los obispos frente al Estado, por lo que resultará interesante saber qué relación tendrá el nuevo presidente con el gobierno nacional”, estima José María Poirer, director de la revista católica independiente Criterio. En ese sentido, el padre Guillermo Marcó, ex vocero de Bergoglio, sostuvo que en los últimos años “la Iglesia no viene teniendo un disenso de fondo” con el kirchnerismo y que el futuro depara una cierta renovación, pero en términos similares a los actuales. “En los temas que son coincidentes se irá para adelante, con más diálogo, y en los que no, se opinará, pero la opinión es sólo opinión”, reflexiona el sacerdote ante la consulta de Debate.

Dos meses atrás, la veintena de obispos que integran la Comisión Permanente del Episcopado celebró su última reunión antes de la asamblea en la sede capitalina de la calle Suipacha. Allí fue analizado el resultado de las primarias -si bien no fue emitido ningún documento oficial- y comenzaron a sonar con fuerza algunos nombres para suceder a Bergoglio.

¿Qué pasará con el actual hombre fuerte de la Iglesia? Bergoglio está al frente de la CEA desde noviembre de 2005 y, de acuerdo con la legislación canónica, no puede aspirar a un nuevo mandato. Más aún, el cardenal cumplirá 75 años en diciembre, por lo que también deberá presentar su renuncia como arzobispo de Buenos Aires, aunque en este caso se descuenta que su mandato será prorrogado “un año y medio más, por lo menos”.

LOS CANDIDATOS
En este contexto, el arzobispo de Santa Fe, José María Arancedo, aparece como uno de los postulantes con más chances de sucederlo. A sus 70 años, el actual vicepresidente segundo de la CEA es considerado un fiel representante del sector “moderado” de la Iglesia. Es la máxima autoridad eclesiástica de su provincia y conoce bien a Cristina Kirchner: en noviembre de 2009, viajó al Vaticano como parte de la comitiva oficial que recordó, junto a Benedicto XVI, la mediación de la Santa Sede en el conflicto por el Beagle.
Arancedo es, además, primo hermano de Raúl Alfonsín: de hecho, fue su confesor y quien le dio la comunión una semana antes de morir. Hacia el interior de la Conferencia Episcopal lo reconocen como “un radical negociador, muy querido por la comunidad”. Su principal virtud, aseguran, será dar una continuidad a lo que la Iglesia venía haciendo, sin hacer olas ni ponerse a revisar una supuesta “pesada herencia”. “Es un tipo capaz de respetar el statu quo de manera armónica”, confía una comunicadora con varios años en el Episcopado.

También en la línea moderada se encuentra Agustín Radrizzani, actual arzobispo de Mercedes-Luján, aunque en su caso el nulo apoyo que cosecha entre los sectores conservadores, que sospechan de su diálogo fluido con el kirchnerismo, socava sus posibilidades. En efecto, este sacerdote salesiano nacido en Avellaneda tiene una amistad con Oscar Parrilli -hecho que destacan en el entorno del secretario general de la Presidencia- y, a principios de 2008, reveló que las relaciones que mantenía con el gobierno nacional eran“buenas y favorables”.

Radrizzani protagonizó -tal vez sin quererlo- una de las batallas políticas por los festejos del Bicentenario, hoy olvidadas. El 25 de Mayo de 2010, recibió a la Presidenta en la Basílica de Luján para celebrar el Tedéum oficial; allí aseguró que los doscientos años de la patria eran “una ocasión propicia para fortalecer nuestra integración con los países de América Latina”. Mientras tanto, Bergoglio encabezaba un oficio en la Catedral Metropolitana ante la atenta mirada de Mauricio Macri, Francisco de Narváez y otras figuras opositoras. “Radrizzani siempre fue una figura de diálogo y conciliación. Incluso en los medios quedó no del todo alineado con la línea marcada por Bergoglio”, afirma Poirer.

Su perfil progresista viene de hace tiempo. A principios de la década de los noventa, el entonces papa Juan Pablo II lo nombró obispo de Neuquén, en el lugar del emblemático Jaime de Nevares, recordado por su defensa de los derechos humanos. Varios de sus gestos, como aquella vez que celebró misa en el primer corte de Cutral-Có, usando como altar una camioneta, lo convirtieron en un referente de la Iglesia patagónica. “Es una de las personas con más diálogo con todos los sectores, no me extrañaría que sea designado en una de las vicepresidencias”, arriesga un vocero del Episcopado.

A la hora del “poroteo”, no faltan quienes creen que el arzobispo de Corrientes, Andrés Stanovnik, puede convertirse en uno de los protagonistas de estas elecciones. “Tuvo un cargo anterior en el CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano); esos antecedentes pesan para bien”, recuerda una asistente de Bergoglio en el Arzobispado. Sin embargo, su corta edad -57 años- le juega en contra y la mayoría de los consultados lo ve, a lo sumo, como un futuro vicepresidente.

Por último, el ala conservadora del catolicismo local apuesta sus fichas a Héctor Aguer. El arzobispo de La Plata tiene buenos contactos en Roma (ciudad que visitó varias veces gracias a las gestiones de su amigo y ex embajador menemista Esteban “Cacho” Caselli) y una excelente relación con el nuncio Adriano Bernardini, representante del Vaticano en la Argentina. “Si tiene peso es al nivel de la curia romana, no al nivel de Benedicto XVI”, relativizó Poirer. “Nunca fue una figura que se sintiera cómoda con la gestión de Bergoglio y de los vicepresidentes”.

El ala dura que representa se hizo sentir con fuerza durante el debate en torno al matrimonio igualitario, cuando, por primera vez, Bergoglio perdió una votación interna en la CEA. Considerando las altas chances de que fuera aprobada una ley de matrimonio de personas del mismo sexo, el presidente de la Conferencia Episcopal sugirió un apoyo discreto al proyecto de unión civil. Su propuesta fue rechazada, y Bergoglio se vio obligado a sobreactuar su papel en la famosa carta enviada a los monasterios porteños en la que habló de una “guerra de Dios”, según relata el periodista Sergio Rubin, responsable de la biografía autorizada del arzobispo de Buenos Aires.

En este marco, Aguer aparece como el único referente con chances de suceder a Bergoglio, capaz de declararle una batalla “a todo o nada” a la agenda social del gobierno nacional. Como presidente de la Comisión Episcopal de Educación dio un anticipo de lo que podría ser su conducción en la CEA cuando meses atrás describió a la materia escolar bonaerense Construcción de Ciudadanía como “neomarxista y gramsciana”. En diálogo con esta revista, el periodista de Página/12 Washington Uranga explica que el sector que encabeza Aguer “tiene la idea de una guerra santa, impulsa los eslóganes ‘a favor de la vida’ y la ocupación del espacio público”.

Uno de sus hombres de confianza es Antonio Marino, presidente de la Comisión Episcopal de Seguimiento Legislativo, que durante el primer semestre de 2010 condujo la posición pública de la Iglesia frente a la sanción del matrimonio igualitario. Su tenaz enfrentamiento a la norma fue premiado por el Papa, que en abril de este año lo nombró obispo de Mar del Plata. ¿Seguirá Aguer el mismo camino ascendente? Cerca de Bergoglio aseguran que el arzobispo platense simboliza a “los ultramontanos”, un sector radical que corre por derecha a la actual conducción, pero que esa postura no es mayoritaria entre los obispos.
Para Poirier, la probabilidad de que termine siendo elegido presidente de la Comisión Ejecutiva es baja, “aunque quedar como vicepresidente segundo sería un paso muy adelante para él”. Según los cálculos de un importante integrante del Episcopado, una opción alternativa es que el actual arzobispo de La Plata resulte elegido para otros tres años al frente de la Comisión de Educación, lugar que resultó tener buena visibilidad mediática. De todas formas, la fuente coincide con Poirer en que “haría un gran negocio si asciende a una vicepresidencia”. En los últimos días comenzó a sonar Mario Carniello, actual arzobispo de Salta, como uno de los conservadores con chances de obtener algún cargo ejecutivo en lugar de Aguer, más desgastado por su gestión.

Éstos son, hasta ahora, los nombres. Pocos pronostican sorpresas dado que el nombramiento ocurrirá entre una serie limitada de personajes. Tal como recuerdan desde la CEA, existe una regla no escrita por la cual los arzobispos -doce en todo el país- “siempre ocupan la ejecutiva”.

En cuanto a los otros cargos, el obispo de San Isidro, Jorge Casaretto, terminará su gestión al frente de la Pastoral Social, y todas las miradas apuntan a Jorge Lozano. El arzobispo de Gualeguaychú es recordado por su presencia en el conflicto por las papeleras y por el apoyo que brindó a los familiares de los jóvenes que murieron en Cromañón. A principios de octubre presentó un libro prologado por el propio Bergoglio. El panorama en Cáritas luce bastante más abierto. Fernando Bargalló, obispo de Merlo-Moreno, está obligado a renunciar a la pastoral caritativa, pero aún no se escuchan nombres fuertes para continuar su tarea.

EXPECTATIVAS
Actualmente, la CEA está integrada por más de ciento veinte obispos, entre residenciales, auxiliares, eméritos y dimisionarios. De ellos, sólo tienen voz y voto los residenciales, que son alrededor de ochenta.
La elección se hará mediante voto electrónico en el Cenáculo de Pilar, una histórica casa de retiro que Bergoglio mandó a refaccionar en 2004. El proceso se repetirá hasta que uno de los candidatos reúna dos tercios de las aceptaciones: si ninguno lo consigue en los primeros intentos, la tercera votación consagrará al presidente por mayoría simple.

“La mayor parte de los obispos que han estado hasta ahora cumplieron 75 años y están pasando a retiro. Lo importante es que hay una renovación de caras”, se entusiasmó un sacerdote cercano a la Pastoral Universitaria que, a pesar de la novedad, no se mostró preocupado por la falta de grandes nombres en esta nueva etapa. “Tampoco Bergoglio era un gran nombre cuando llegó a Buenos Aires. A veces, estar en un determinado lugar te da visibilidad”, argumenta.

El promedio de edad de los votantes de Pilar es de sesenta años y algunos suponen que esta renovación generacional dará como resultado una conducción más progresista. “Hoy en día, el Episcopado no ocupa un lugar prepotente, del tipo ‘somos la Iglesia, nos tienen que escuchar’, sino que comparte su opinión; y el que quiera escuchar, que escuche”, ilustra el padre Marcó. “Se viene una Iglesia muy conversadora, con más escenario de debate y más charlas previas”, arriesgó entretanto una encumbrada fuente del Episcopado. El martes 8 se sabrá quién es su conductor.