Crítica del yo espectacular

RESEÑA DE "LA INTIMIDAD COMO ESPECTÁCULO", DE PAULA SIBILIA
Crítica del yo espectacular

Una ex prostituta brasileña abre un blog relatando sus experiencias y alcanza la fama. Un joven norteamericano expone sus pensamientos suicidas en su perfil de Facebook. Una quinceañera porteña coloca fotos suyas en ropa interior en su Fotolog. Se ha desencadenado un verdadero festival de vidas privadas y los nuevos medios de comunicación se han puesto a su servicio. Estas nuevas formas de exposición pública de la intimidad son un síntoma de importantes transformaciones en la subjetividad contemporánea, relacionadas con una cierta crisis de la "vida interior" y una tendencia a la "espectacularización del yo".

Esto es lo que sostiene la comunicóloga y antropóloga Paula Sibilia en su último libro, La intimidad como espectáculo, donde intenta rastrear el desplazamiento que se produjo desde una subjetividad "interiorizada" (con el diario íntimo como actividad típicamente moderna) hacia nuevas formas de autoconstrucción, con el blog personal como ideal y el diario éx-timo como formato dominante.

"Aparece un tipo de yo más epidérmico y dúctil, que se exhibe en la superficie de la piel y de las pantallas. Se trata de personalidades alterdirigidas y no más introdirigidas, construcciones de sí orientadas hacia la mirada ajena, o exteriorizadas", afirma Sibilia. Estas personalidades encuentran en las nuevas tecnologías un dispositivo ideal para hacerse conocer. Ciertos usos de blogs, fotologs, webcams serían "estrategias que los sujetos contemporáneos ponen en acción para responder a estas nuevas demandas socioculturales".


Narrarse a uno mismo, hacerse visible

Pensemos en las transformaciones que tuvieron lugar en los formatos audiovisuales en los últimos años. La hegemonía de la ficción realista, típicamente burguesa, va perdiendo popularidad en detrimento de una nueva estrella en ascenso: el documental ficcionalizado. "Si la paradoja del realismo clásico consistía en inventar ficciones que pareciesen realidades, manipulando todos los recursos de verosimilitud imaginables, hoy asistimos a otra versión de ese aparente contrasentido: una voluntad de inventar realidades que parezcan ficciones. Espectacularizar el yo consiste precisamente en eso. Transformar nuestras personalidades y vidas (ya no tan) privadas en realidades ficcionalizadas con recursos mediáticos." ¿Alguien vio Tarnation?

Explica el novelista Juan Forn, citado en el libro: "La ficción fue perdiendo efecto sobre el lector, entre otras cosas porque la recreación del mundo que proponen las novelas queda opacada por el flujo global de información que existe hoy". Y una vez más, la necesaria comparación con la era burguesa: el formato cultural prevaleciente a fines del siglo XIX y principios del XX era aún la novela (Balzac, Proust, Joyce), viable en un momento en el cual donde las subjetividades estaban moldeadas en torno a una demarcación clara de un tiempo de ocio; ¿cuál es el lugar del lector hoy, cuando los noticieros anuncian nuevas alertas cada hora y el home de Clarín.com se actualiza constantemente?

"Además de haber abatido la eficacia de la ficción tradicional, esos torrentes de información que al mismo tiempo conforman y devastan la realidad contemporánea, también provocan una sensación de fluidez que amenaza disolver todo en el aire. Así, asediados por la falta de autoevidencia que afecta la realidad altamente mediatizada y espectacularizada de nuestros días, los sujetos contemporáneos sienten la presión cotidiana de la obsolescencia de todo lo que existe." Inclusive, la fragilidad del propio yo. De hecho, ésta es la importante transformación que señala Sibilia: el desplazamiento del eje en torno al cual este yo se construye: una interioridad que se exterioriza. Lo que cada uno es no está más adentro suyo: es lo que se ve. De la interioridad a la visibilidad está la espectacularización del yo: hoy, las apariencias son las esencias.

"Tendencias exhibicionistas y performáticas alimentan la persecución de un efecto: el reconocimiento en los ojos ajenos y, sobre todo, el codiciado trofeo de ser visto. Cada vez más, hay que aparecer para ser." Como ironizaba Guy Debord en La sociedad del espectáculo: "Lo que aparece es bueno y lo que es bueno aparece". Esta es la tiranía de la visibilidad: "En este monopolio de la apariencia, todo lo que quede del lado de afuera simplemente no existe."

En este nuevo contexto, concluye Sibilia, "aquellos 'quince minutos de fama' previstos por Andy Warhol como un derecho de cualquier mortal en la era mediática expresan una intuición visionaria pero todavía atada a otro paradigma: aquel ambiente dominado por la televisión y los demás medios de comunicación bajo el esquema broadcasting." Los que toman la posta y lo vuelven realidad son entonces las redes informáticas. La Web 2.0 ostenta una "peculiar combinación del viejo slogan hágalo usted mismo con el flamante nuevo mandato muéstrese como sea" que está desbordando las fronteras de Internet, cumpliendo así esa promesa que ni la televisión ni el cine pudieron satisfacer: Broadcast yourself!


Hacia una crítica de la razón bloggera

Pero hay algo que no cierra en este panorama idílico que los medios se encargan de anunciar como una "explosión de creatividad" y una "democratización sin precedentes".

La vida privada revelada por las webcams y diarios personales se transforma en un espectáculo para ojos curiosos, espectáculo que es simplemente "la vida en su banalidad radical", según la feliz expresión de André Lemos. "Sería necio negar que la democratización de los medios posibilitada por todos estos dispositivos es una novedad histórica de dimensiones aún inconmensurables, que puede llegar a cambiar la cara del mundo, y que probablemente ya lo esté haciendo. Pero como también es difícil negar que buena parte de lo que se hace, se dice y se muestra en esos escenarios de la confesión virtual no tienen ningún valor. Es digital trash, un gran género sin pretensiones. No se trata de obras de arte, no lo pretenden y ni siquiera sueñan con serlo. Se presentan apenas como lo que son: pequeños espectáculos descartables, algún entretenimiento ingenioso sin mayores ambiciones, o bien celebraciones de la estupidez más vulgar." Hoy, en la página principal de YouTube, los videos más vistos o destacados son: una parodia de la melodía de Indiana Jones, una roca gigante hecha de Lego, una imitación de una publicidad de Budweiser, un tal David Archuleta en ropa interior y un perro con un parche en un ojo. Y la lista sigue.

"Así, acompañando los desplazamientos de los ejes alrededor de los cuales se construían las subjetividades modernas, la multiplicación de los emisores posibilitada por los nuevos medios electrónicos permite que cualquiera sea visto, leído y oído por millones de personas. La paradoja es que esa multitud quizás no tenga nada para decir. Se expande, así, esta multiplicación de voces que no dicen nada -al menos, 'nada' en el sentido moderno del término- aunque no dejen de vociferar. Todo ocurre como si aquellos grandes relatos que estallaron en las últimas décadas hubiesen dejado un enorme vacío al despedazarse. En ese espacio hueco que restó, fueron surgiendo todas estas pequeñas narrativas diminutas y reales, que muchas veces no hacen más que celebrar y afirmar ese vacío, esa flagrante falta de sentido que flota sobre muchas experiencias subjetivas contemporáneas", concluye Sibilia.

Si bien puede ser leída apenas como una interpretación histórica de la explosión de los medios interactivos, La intimidad como espectáculo resulta una obra rigurosa y crítica que se acerca, más bien, a una teoría fundamental de los modos de construcción de subjetividades en el siglo XXI.